El sauce llorón

Julio. Huele a verano tras la puerta. Pareciera que el sol brillara ahora más que nunca y el azul del cielo fuese más claro todavía. El mar nos espera con los brazos abiertos, pero temeroso de verse mancillado de nuevo . Los pájaros cantan, llenando nuestros oídos de la melodía que nunca supimos oír, aunque siempre estuvo ahí. La brisa sabe a libertad, pero huele a miedo y esperanza. 


Algo ha cambiado, y aunque espero que también nosotras hayamos cambiado, lo cierto es que en la oscuridad de la noche, me surgen las dudas… Porque quedan restos, restos de inconsciencia humana, mascarillas y guantes en el suelo, basura, olor a sangre y risas inapropiadas. Queda egoísmo en cada esquina, palpitar de incoherencia, poco tacto y mucho… mucho que aprender.


Y en este batiburrillo de ideas que se amontonan cada día, de pensamientos que van y vienen, de sentimientos desbordados que se turnan a su antojo… me pregunto, una vez más, si tiene salvación la especie humana. Y el sauce llorón aparece, en mis sueños, cuando pregunto. 

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