Relato corto. El poeta

El poeta, que entonces no era poeta, había soñado con la revolución muchas veces. Con banderas al cielo y gritos al aire. Soñaba con la batalla perdida, con esa que quita el poder a los necios y lo ofrece a los nobles de corazón, esa que ya, en los tiempos que corren, no osa ni tan siquiera a dar el pistoletazo de salida. Pero él quería alzar pancartas, quería correr, romper el sistema. Quería ser la voz del pueblo que callase las injusticias para siempre. El líder de una manada de lobos…

Sin embargo, pronto descubriría que no tenía lobos, sino ovejas, y que tampoco era lo suficientemente fuerte como para luchar. Y entonces, aquel hombrecillo triste, que todavía no era poeta, alzó su pluma que, aunque era débil, nunca callaba.

Con ella quiso ser el aliento de otros lobos. La palabra que empujara la lucha que nunca había sido capaz de llevar a cabo. Las letras que levantaran conciencias y hundiesen manos ladronas. El Dios de la libertad. Y fue entonces cuando las críticas encarcelaron sus manos como la noche encarcela el vuelo de la gaviota. Y se sintió fuerte, hastiado del mundo, pero fuerte. Sus palabras resonaban limpias, claras, en el fondo de su alma y en algunos corazones, como él, desgastados. Pidieron un cambio de todas las formas posibles, salvo de una, que no podía pedirse. Y hasta hubo algunos halagos y palmas. Pero el mundo no cambió con sus palabras, o al menos, no cambió a mejor.

Las críticas, ávidas de corazones ignorantes y conformistas que despertar, fueron muriendo poco a poco y el poeta fue naciendo. Y un 24 de junio, el fuego que prende el mar para purificar las almas, se apoderó de sus actos. Una tras otra fueron cayendo en la hoguera las noches de ira y rabia contenida. Su silenciosa lucha había llegado a su fin. Ante la mirada atónita de todos y los ojos penetrantes de aquella mujer hermosa, el poeta quemo todos sus escritos mientras lloraba. A sus 30 años, aquel hombrecillo triste, que ahora estaba aún más triste, había perdido la esperanza.

“Siempre es bueno empezar de nuevo. Pero también es bueno saber cuando debemos parar y cuando cambiar de zapatos. No vuelvas descalzo, por favor”

Cuando alzó la vista, aquellos ojos azules como el mar de la mirada penetrante de aquella mujer, le sonreían. A sus pies, unos zapatos y un cuaderno brillaban. Nadie se había percatado de la escena y el mundo seguía, ajeno en su mayoría, como siempre, a la poesía. Pero en aquel momento, nació el poeta.

Hoy, de nuevo 24 de junio, el poeta pasea con su cuaderno por la orilla del mar, tratando de recordar, una vez mas como, escribió aquel primer poema de su cuaderno que no recuerda…

 

Ojos azules que observáis morir mis sueños

al arder mis esperanza,

no decirle a nadie, ojos de luna,

la locura que me mata;

no decirle al mundo, ojos secretos

que ya… esto ni es mundo ni es nada

 

Jamás volvió a ver esos ojos azules, pero cada vez que los recuerda…nace un nuevo poema. Ahora sus críticas se disfrazan de un lenguaje mágico que solo las almas honestas de verdad, y los corazones sinceros, entienden. Y el poeta se siente en paz consigo mismo.

 

Comentario de la autora: Este escrito, aunque con algunos cambios respecto al original,

fue publicado en su momento en la web de Letras y Poesía,

me gusta tanto, que he decido rescatarlo para que aparezca publicado en este blog

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