Balance

Y con más pena que gloria se marcha,
con la cabeza agachada y piedras en los zapatos que aún molestan,
debiendo mil cafés de media tarde,
perdiendo las charlas con los amigos, los días con la familia, soñando con días mejores…

Se aleja con la mirada perdida.
Esta vez no mira atrás porque duele demasiado,
nadie llora su partida,
porque no hay recuerdos buenos que empañen todo lo malo.

Se va sin aplausos, solo en casa,
con un pijama de rayas, lleno de miedos y sin sonrisas.

Pero esta vez, más que nunca,
debemos mirarlo, cara a cara
y hasta, quizás, darle las gracias por seguir…
Seguir viendo amaneceres con otros ojos,
seguir mirando a los ojos que están enfrente,
seguir andando, aunque no sepamos muy bien hacia donde
pero sobre todo seguir,
seguir viviendo y haber aprendido que eso, vivir, al final, es lo único que importa. 

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