Hay playas al Sur

Y te diré,

que hay playas salvajes al Sur,

que son como el Sur cuando es bravo,

como el carácter del Sur,

cuando sacando los dientes ha luchado

porque ese Sur que ves tú,

que sonríe hasta apagado

es ese Sur que aprendió

a crecer, como ese árbol,

en el filo de un abismo,

con el corazón anclado

a la orillita del mar,

mirando al cielo, callado…

En una noche cualquiera

Hoy era un día cualquiera de un año que ya no importa,
la primavera asomaba como hoy, que el aire corta.

Era una noche sin luna que se perdía en tus ojos,
mi mirada se encendía,
se equivocaron tus labios
para sellar mi sentencia.

Hoy era un día cualquiera
pero aún recuerdo tus manos mientras mi alma temblaba,
y todos esos suspiros que me ahogarían después.

Hoy era un día cualquiera como otro día, sin más,
pero quisiste cobrarte los años sin respirar
cada vez que te acercabas,
yo cansada de esperar
sabiendo que no sería lo que pudo ser, sin más.

Y en una noche cualquiera aún llegas sin avisar,
y aún sigo sin comprender
porque viene a mi memoria un recuerdo del ayer
que solo es un espejismo de lo que no pudo ser,
como un relámpago, fuego, vuelves y te vas después.

Yo miro a un lado y doy gracias
de que no pudiese ser.

Colaboración de esta semana en Poémame

Microrrelato. Soledad

La vi sentada al filo de un banco. Sola. Mochila a la espalda. Parecía pasear su soledad de un sitio a otro. Llevaba zapatos blancos, ropa fresca de verano y un sombrero. Se sentó, comió, descansó y siguió su camino. La vi alejarse. La perdí de vista. Me pareció un fantasma por un momento. Y me pregunté donde iría. Y pensé…que era cierto…la soledad tenía nombre y forma de mujer. Y también…iba sola…

Cien historias, mil maneras. Mujer

De pelo gris, o azabache,
rubio como el trigo al sol,
morena como el azúcar,
no me importa que color;

todas con manos valientes,
guerreras de corazón
que luchan cualquier batalla,
siempre hay una o más de dos;

deportivas o tacones,
pisa fuerte, sin dolor
y que tus pasos se escuchen
en el último rincón,

que nadie calle tus gritos,
que nadie apague tu voz,
pues el motor de este mundo
tu garganta lo encendió.

María cruza la calle,
Estela entrega su amor,
Amanda hornea el pescado,
canta en el baño Leonor,

peina a Isabel Esperanza,
sonríe a la vida Asunción,
Carla levanta a los niños,
llega tarde Marisol,

Rosalía da un discurso,
salva una vida Encarnación,
Laura da vida y sonríe,
Matilde coge una flor.

Cien historias, mil maneras
y una única razón:
hacer de este mundo injusto
un mundo un poco mejor.

Mujer, tú en el horizonte
luchando, siempre al calor
de la lumbre que te quema,
sin pausa, sin desazón.
Eres las manos de un mundo
que se muere sin tu voz.

Un Febrero sin ti…pero contigo

 

Febrero se marcha, esta vez sin colores. Sin cañón de papelillos, sin batallas con disfraz. Gris, pero gris plata, porque la plata de la tacita siempre reluce, incluso a lo lejos. No hubo teatro, ni gritos, ni aplausos… Pero hubo coplas, porque las coplas de carnaval nunca mueren, porque algunas se hacen fuerte ante las adversidades…

Hoy te miro en la distancia y te sueño, como antaño, nostálgica de tu música retumbando en cada esquina. Mis pies perdidos no han caminado a tu playa por aceras de colores, no he sonreído levantando mi vista a tu teatro, Cádiz mío. Y no hubo noches previas a tu encuentro de insomnio, ni madrugadas de resaca llegando dormida a la primera luz del día. No hubo peregrinación a mi tacita…

Y sin embargo, cosas de la vida, este año, tan lejos de ti, de tus copleros, de sentirte cada noche en la distancia… he estado más cerca que nunca de mi carnaval bendito.

No te había visto, Málaga, o al menos, no me había fijado en ti lo suficiente. Eras el otro carnaval. Tantos años mirándote desde lejos, y te tenía tan cerca… Y este año, en esa pena gris plata de no tener mi carnaval, viniste a llamar a mi puerta. Como si hubieses entendido que era ese, y no otro, el momento de hacerlo. Y al levantar mi mirada empañada, ahí estabas tú, disfrazado, como siempre, con dos coloretes y una sonrisa, con un disfraz para mí, para enseñarme que ese otro carnaval, no es otro, que es el mismo, tan igual, tan diferente…

Y te he vivido por dentro, en tus entrañas, en una situación tan distinta para todos, tan nueva para mí, que parecía que eras el tú de siempre confinado, aprendiendo a sonreir en estos tiempos donde la sonrisa, que nos taparon un día, se ha hecho imprescindible para seguir caminando. Tú viniste a dibujarla. Y vivirte desde dentro ha sido un lujo para esta carnavalera que nunca pensó que un día pudiese estar “al otro lado”. Y allí, en el otro lado (en el lado oscuro), he conocido a personas maravillosas y he descubierto que eres real, honesto y sincero, aunque algunos te tachen de mentiroso. Lo que pasa, y esto es algo que aún no se entiende, es que eres cientos de versiones diferentes de uno mismo, miles de opiniones retumbando, ardiendo como el fuego que luego se hace cenizas, en la quema del dios momo, pero que siempre se recuerda, por el hollín que allí deja.

Pero eres tu, da igual el sitio, da igual el momento… siempre eres tú, en cada corazón que late al ritmo del 3×4, en cada garganta que ruje, en cada mano que te aplaude, en cada mirada que se emociona. Tú, carnaval, en este Febrero extraño que hoy se nos marcha, como siempre, sonriendo. En este Eterno Febrero que siempre nos hace libre. Y como, cada año, toca colgar un nuevo calendario en nuestras paredes para empezar de nuevo a arrancar sus hojas, esperando, un año más, que vuelva a llegar Febrero, sea como sea, pero que llegue, que siempre llegue….

 

Guitarra dormida que esperas, 

que llegue de nuevo Febrero,

no temas, no llores, no sufras

que siempre que exista un coplero

guitarra, serás siempre libre

guitarra, tu serás Febrero.

 

                                                                  A todos los carnavaleros

                                                                                 que hacen posible cada carnaval!!

Cuento. El arquitecto

 

Había una vez dos hermanos que vivían en un hermoso reino. El más pequeño de ellos pasaba las horas y las horas dibujando casas, enormes casas, con maravillosos ventanales y balcones que bien podrían ser la envidia de los más altos mandatos del reino. El mayor tenía la extraña costumbre de unir ramas con todo lo que encontraba, cuerdas, arcilla, pegamento… cualquier cosa podía valerle para construir estructuras resistentes.

Una mañana, el hermano pequeño, quiso dar vida a uno de sus dibujos, pero por más que lo intentó, la estructura se venía abajo una y otra vez. Probó con otro, y después con otro, una y otra vez, pero el resultado era siempre el mismo. El mayor, que pasaba por allí al derrumbarse una vez más el intento fallido de su hermano, se interesó por saber qué había ocurrido. Miró el papel, analizó el dibujo de su hermano y, en menos de cinco minutos, el dibujo que yacía inerte en el papel tomó vida de forma gloriosa y resistente. Ante el asombro del pequeño, éste decidió compartir sus dibujos con su hermano mayor y pronto todos sus diseños fueron tomando forma.

Pasaron los años y el hermano pequeño se convirtió en uno de los arquitectos más famosos del reino que, con la ayuda de su hermano mayor y otros muchos como él que se fueron uniendo a la aventura, fueron dando forma a las más famosas viviendas del reino. Tal fue la fama que alcanzó el arquitecto, que hasta los reyes le encargaron hermosos palacios donde asentarse. El arquitecto, su hermano mayor y el equipo de aventureros eran felices recorriendo mundo y mostrando a todos la inmensidad de sus obras.

Pero un día, todo cambió. El pequeño hermano, que siempre había agradecido y reconocido ante todos el trabajo de su hermano mayor y de todo el equipo que dirigía, dejó de hablar de ellos. Cuando inauguraban un edificio, nunca llamaba al equipo. Si le preguntaban que quien había hecho tal mansión, decía que había sido él solito. Cuando algún edificio suyo era premiado, no compartía lo que ganaba. Y hasta dejó de tratar a su hermano como a un verdadero hermano, limitándose siempre a darle órdenes y a desvalorar continuamente a todo el equipo que los acompañaba.

Fue por aquel entonces cuando una princesa de un lejano reino le encargó al arquitecto uno de los edificios más importantes de toda su carrera. Debía hacer tres palacios, con sus piscinas, sus jardines y perfectos interiores que se inaugurarían ante los representantes de todos los reinos. Inmediatamente, el hermano pequeño se dirigió a su hermano mayor y, con aires de grandeza, como siempre últimamente, le explicó el proyecto que había diseñado.

-No puede fallar nada, ¡¡me oyes!! –le gritaba-. Después de esto seré reconocido como el arquitecto más importante de la historia y nadie podrá pararme, porque soy el mejor de los mejores de toda la historia.

El hermano mayor, cansado de la prepotencia de su hermano pequeño, habló con su equipo y trazó un plan perfecto para que su hermano aprendiese a valorar de nuevo el trabajo de todo el equipo… ¡¡Y funcionó!!!

Llegó el día de la inauguración del edificio. Tal como el hermano pequeño había comentado, los más importantes cargos del reino estaban todos allí, expectantes, y el hermano pequeño presumía de su obra una y otra vez, de esa que decía que el mismo había levantado con sus propias manos y que era tan resistente que el mismo Ulises podría pisarlo y no lograría derribarlo. Cuando el edificio se presentó, todos quedaron, como siempre, asombrados por su grandeza.

-Quiero daros las gracias a todos por confiar en mí para la realización de este proyecto. Ha sido un placer no sólo diseñar este edificio, sino también levantarlo piedra a piedra con mis propias manos para…..

De repente, se oyó un enorme crujido y el edificio se vino abajo ante la mirada atónita de todos los asistentes, que pronto empezaron a sorprenderse por el trabajo tan malo que esta vez había realizado el arquitecto. Su fama, como el edificio, se vino abajo en cuestión de segundos.

Enfadado, el hermano pequeño se dirigió al mayor a gritarle todos los insultos que pasaban por su mente, pero mientras más gritaba y gritaba más se reía el hermano pequeño-

-¿Se puede saber de qué te ríes?, -preguntó el pequeño enfadado.

-¡¡Ay hermano, hermano!!, jamás pensé que la fama acabaría contigo de esta manera, pero lo que menos pensé aún es que olvidarías un día que un edificio, por muy bien diseñado que esté y muy bonito que luzca sobre el papel que lo acoge, jamás será nada si nadie le da forma, ¿o te has olvidado ya de los dibujos que hacías cuando eras pequeño? Ahora ya sabes que un arquitecto nunca será nada sin unos obreros que arrimen el hombro para sacar adelante el trabajo. La próxima vez, no olvides que tus ideas sólo se hacen brillantes si tu equipo las sostiene y las mejora, así que procura no enfadarlo y darle las gracias de vez en cuando…

Poesía Breve (Un reto con “defectos”)

¡¡Feliz Lunes!! Hoy vamos por otro reto de los que nos lanzan en redes que da lugar a un poema breve (poemas en un tuit podríamos llamar también a esta sección). En esta ocasión había que utilizar esta frase “el cariño más perfecto es tolerar los defectos”. Y salió este poema 🙂

El cariño más perfecto

es tolerar los defectos,

porque son esos defectos

qué nos hacen imperfectos

los que también hacen únicos

muchos de nuestros momentos.

 

Y así te quiero, mi vida

con virtudes y defectos,

sin prisas, sin perfecciones,

único, parando el tiempo.

El camino

Nunca sabes cuando tendrás que abandonar un camino y empezar otro. El camino hacia una nueva meta, una que incluso nunca te hayas planteado. No importar que fueses (o que creyeses que fueses) por el camino correcto. Ni importa que el camino estuviese despejado y soleado. No importa que te sintieses cómoda en él. Ni siquiera importa que no fueses tu la que eligiese abandonar ese camino, a veces la vida decide por ti. Pero el caso es que un día, sin previo aviso, el camino llega a su fin, sin más. Y, de repente, te ves de rodillas, con la cabeza agachada mirando al suelo, preguntándote, una y otra vez, que vas a hacer ahora (que por cierto al agachar la mirada, descubres lo gastados que estaban ya esos zapatos y, al parar, por obligación, te das cuenta de cuanto te dolían los pies).

Y como te duelen los pies y los zapatos están rotos, te sientas a descansar, a la sombra, mientras miras atrás el camino. ¿Cómo puede ser? ¿Cómo puede haber pasado? Un camino recorrido durante tanto tiempo, aplanado con esfuerzo para hacerlo más llevadero, con metas en tu cabeza, con vistas al horizonte…. ¿cómo puede haberse acabado? Y entonces te sientes perdida, y lloras. Y decides quedarte ahí, absorta.

Pero un día todo cambia. No sabes si algo, si alguien (si tu misma) te gira la cabeza y te muestra nuevos caminos. Caminos que no habías visto o que habías olvidado, con nuevas metas, con nuevos horizontes. Y descubres de nuevo un pájaro en el cielo que habías perdido de vista. Y sonríes, te levantas y te atreves. Te atreves a soñar de nuevo. Te levantas y abandonas ese camino marchito que, sin darte cuenta, te había atrapado. El camino del conformismo que te regalaba estabilidad (bendito tesoro en los tiempos que corren), pero poco más. Y piensas de nuevo en tu vaquita y en como la tiraron por el barranco. Y esbozas una sonrisa, pero te vas, para siempre.

Sale el sol (y hasta te sientes culpable por sonreir en medio de la tormenta, pero sonríes). Te calzas unos nuevos zapatos y emprendes un nuevo camino. No sabes lo que te espera pero has dado el primer paso, ya no hay vuelta atrás, hay que seguir caminando. A lo lejos, la niebla borra el camino que ya dejaste. Y así, continúa tu historia.

 

Soneto del mes de enero

 

Este mar de enero que sabe
a libertad por momentos,
que adormece el pensamiento
y hasta la razón si cabe;

que ya no hay soles, ni mares
que apaguen este escarmiento,
ni curen los sentimientos,
ni nos inviten a un baile;

pero aquí siento que el tiempo
se ha parado y nos perdona
y no son lastres las horas

y hay sol, y parece un cuento,
y sino es, me lo invento
si estoy contigo aquí, a solas.

 

Colaboración de esta semana en Poémame

Te miro

 

Te miro,

y lo cierto es que ya no se muy bien como mirarte,

si hacerlo con la nostalgia de quien perdió la infancia contigo

o hacerlo con el cariño de quien te tiene, a ratos, en la distancia.

 

Y a veces me sueño dormida en tus brazos,

con esa paz escondida que me regalas,

y temo tu abrazo, tu noche infinita,

tus sueños perdidos, tus rosas marchitas,

y temo, quizás, querer quedarme contigo,

volver al pasado, de días sin abrigo;

 

y puede que tema perder el ahora,

los sones que marca este mar que, escondido,

me salva de sueños rotos, me enseña otros,

me dicta sentencia en la arena del olvido,

me calma, me atrapa, me suelta de nuevo,

se lleva mi alma sin más, mis días heridos…

 

Pero ahora que lo pienso,

a ti cuando te miro,

tampoco sé muy bien como mirarte,

si hacerlo con el coraje de quien se hizo grande a tu lado

o con el miedo a que un día, tú también, te me escapes de la manos.