Cumpleaños

Nació del paso del tiempo avasallado, de los recuerdos y amores perdidos. Saldó la deuda de mi alma con mi tacita. Tapó la desilusión y encendió antorchas para seguir adelante. Fue un sueño cumplido a trompicones. Compartió mi interior con mi otra vida. Vino en plena pandemia con las alas atadas y aún así, ha sabido volar libre, casi sólo. Ha llegado a las manos de algunos de los que inspiraron sus versos. Se ha pintado de colores y serpentinas en días grises. Va caminando poquito a poco, entre líneas, y hoy cumple un año… #EternoFebrero, mi eterno Febrero que siempre suena a coplas y a poesía. Tú, y unos versos… A veces es todo lo que necesito…

Ausente

No me fui, pero cuando se esperan cambios importantes, la pluma, a veces, se detiene. Es como si se durmiese un tiempo en el cajón esperando ser empuñada de nuevo con más fuerza.

No me fui, lo sé, porque creí que me había ido muchas veces y siempre estuve. Y estaré, porque ya no sé estar sin ti, porque estás siempre en mi… Esperando. Porque eres ese yo que me hace libre.

No me fui, pero ahora camino más despacio, mirando a las nubes, vislumbrando nuevos horizontes, distraída.

No me fui, pero el calor del verano que se acerca ralentiza el mecanismo.

No me fui, pero de nuevo me escondo tras las flores, a embriagarme de su perfume.

No fui, pero, a veces, es como si la vida se parase y todo parase con ella.

Y aunque no me fui, ahora creo que estoy ausente y tú… en la espera…

La sirena

No estaba acostumbrada a la tranquilidad del mar, a la paz que transmitía el rugir del oleaje. Cuando sus pies tocaron la arena aquella mañana, su cuerpo se perdió para siempre y todos lloraron su ausencia.

Nunca apareció. Pero lo que nadie sabía es que nadaba en el fondo del mar, feliz, libre para siempre.


Un marinero me dijo una tarde que había visto una sirena con sus ojos

Microrrelato. Soledad

La vi sentada al filo de un banco. Sola. Mochila a la espalda. Parecía pasear su soledad de un sitio a otro. Llevaba zapatos blancos, ropa fresca de verano y un sombrero. Se sentó, comió, descansó y siguió su camino. La vi alejarse. La perdí de vista. Me pareció un fantasma por un momento. Y me pregunté donde iría. Y pensé…que era cierto…la soledad tenía nombre y forma de mujer. Y también…iba sola…

Un Febrero sin ti…pero contigo

 

Febrero se marcha, esta vez sin colores. Sin cañón de papelillos, sin batallas con disfraz. Gris, pero gris plata, porque la plata de la tacita siempre reluce, incluso a lo lejos. No hubo teatro, ni gritos, ni aplausos… Pero hubo coplas, porque las coplas de carnaval nunca mueren, porque algunas se hacen fuerte ante las adversidades…

Hoy te miro en la distancia y te sueño, como antaño, nostálgica de tu música retumbando en cada esquina. Mis pies perdidos no han caminado a tu playa por aceras de colores, no he sonreído levantando mi vista a tu teatro, Cádiz mío. Y no hubo noches previas a tu encuentro de insomnio, ni madrugadas de resaca llegando dormida a la primera luz del día. No hubo peregrinación a mi tacita…

Y sin embargo, cosas de la vida, este año, tan lejos de ti, de tus copleros, de sentirte cada noche en la distancia… he estado más cerca que nunca de mi carnaval bendito.

No te había visto, Málaga, o al menos, no me había fijado en ti lo suficiente. Eras el otro carnaval. Tantos años mirándote desde lejos, y te tenía tan cerca… Y este año, en esa pena gris plata de no tener mi carnaval, viniste a llamar a mi puerta. Como si hubieses entendido que era ese, y no otro, el momento de hacerlo. Y al levantar mi mirada empañada, ahí estabas tú, disfrazado, como siempre, con dos coloretes y una sonrisa, con un disfraz para mí, para enseñarme que ese otro carnaval, no es otro, que es el mismo, tan igual, tan diferente…

Y te he vivido por dentro, en tus entrañas, en una situación tan distinta para todos, tan nueva para mí, que parecía que eras el tú de siempre confinado, aprendiendo a sonreir en estos tiempos donde la sonrisa, que nos taparon un día, se ha hecho imprescindible para seguir caminando. Tú viniste a dibujarla. Y vivirte desde dentro ha sido un lujo para esta carnavalera que nunca pensó que un día pudiese estar “al otro lado”. Y allí, en el otro lado (en el lado oscuro), he conocido a personas maravillosas y he descubierto que eres real, honesto y sincero, aunque algunos te tachen de mentiroso. Lo que pasa, y esto es algo que aún no se entiende, es que eres cientos de versiones diferentes de uno mismo, miles de opiniones retumbando, ardiendo como el fuego que luego se hace cenizas, en la quema del dios momo, pero que siempre se recuerda, por el hollín que allí deja.

Pero eres tu, da igual el sitio, da igual el momento… siempre eres tú, en cada corazón que late al ritmo del 3×4, en cada garganta que ruje, en cada mano que te aplaude, en cada mirada que se emociona. Tú, carnaval, en este Febrero extraño que hoy se nos marcha, como siempre, sonriendo. En este Eterno Febrero que siempre nos hace libre. Y como, cada año, toca colgar un nuevo calendario en nuestras paredes para empezar de nuevo a arrancar sus hojas, esperando, un año más, que vuelva a llegar Febrero, sea como sea, pero que llegue, que siempre llegue….

 

Guitarra dormida que esperas, 

que llegue de nuevo Febrero,

no temas, no llores, no sufras

que siempre que exista un coplero

guitarra, serás siempre libre

guitarra, tu serás Febrero.

 

                                                                  A todos los carnavaleros

                                                                                 que hacen posible cada carnaval!!

Cuento. El arquitecto

 

Había una vez dos hermanos que vivían en un hermoso reino. El más pequeño de ellos pasaba las horas y las horas dibujando casas, enormes casas, con maravillosos ventanales y balcones que bien podrían ser la envidia de los más altos mandatos del reino. El mayor tenía la extraña costumbre de unir ramas con todo lo que encontraba, cuerdas, arcilla, pegamento… cualquier cosa podía valerle para construir estructuras resistentes.

Una mañana, el hermano pequeño, quiso dar vida a uno de sus dibujos, pero por más que lo intentó, la estructura se venía abajo una y otra vez. Probó con otro, y después con otro, una y otra vez, pero el resultado era siempre el mismo. El mayor, que pasaba por allí al derrumbarse una vez más el intento fallido de su hermano, se interesó por saber qué había ocurrido. Miró el papel, analizó el dibujo de su hermano y, en menos de cinco minutos, el dibujo que yacía inerte en el papel tomó vida de forma gloriosa y resistente. Ante el asombro del pequeño, éste decidió compartir sus dibujos con su hermano mayor y pronto todos sus diseños fueron tomando forma.

Pasaron los años y el hermano pequeño se convirtió en uno de los arquitectos más famosos del reino que, con la ayuda de su hermano mayor y otros muchos como él que se fueron uniendo a la aventura, fueron dando forma a las más famosas viviendas del reino. Tal fue la fama que alcanzó el arquitecto, que hasta los reyes le encargaron hermosos palacios donde asentarse. El arquitecto, su hermano mayor y el equipo de aventureros eran felices recorriendo mundo y mostrando a todos la inmensidad de sus obras.

Pero un día, todo cambió. El pequeño hermano, que siempre había agradecido y reconocido ante todos el trabajo de su hermano mayor y de todo el equipo que dirigía, dejó de hablar de ellos. Cuando inauguraban un edificio, nunca llamaba al equipo. Si le preguntaban que quien había hecho tal mansión, decía que había sido él solito. Cuando algún edificio suyo era premiado, no compartía lo que ganaba. Y hasta dejó de tratar a su hermano como a un verdadero hermano, limitándose siempre a darle órdenes y a desvalorar continuamente a todo el equipo que los acompañaba.

Fue por aquel entonces cuando una princesa de un lejano reino le encargó al arquitecto uno de los edificios más importantes de toda su carrera. Debía hacer tres palacios, con sus piscinas, sus jardines y perfectos interiores que se inaugurarían ante los representantes de todos los reinos. Inmediatamente, el hermano pequeño se dirigió a su hermano mayor y, con aires de grandeza, como siempre últimamente, le explicó el proyecto que había diseñado.

-No puede fallar nada, ¡¡me oyes!! –le gritaba-. Después de esto seré reconocido como el arquitecto más importante de la historia y nadie podrá pararme, porque soy el mejor de los mejores de toda la historia.

El hermano mayor, cansado de la prepotencia de su hermano pequeño, habló con su equipo y trazó un plan perfecto para que su hermano aprendiese a valorar de nuevo el trabajo de todo el equipo… ¡¡Y funcionó!!!

Llegó el día de la inauguración del edificio. Tal como el hermano pequeño había comentado, los más importantes cargos del reino estaban todos allí, expectantes, y el hermano pequeño presumía de su obra una y otra vez, de esa que decía que el mismo había levantado con sus propias manos y que era tan resistente que el mismo Ulises podría pisarlo y no lograría derribarlo. Cuando el edificio se presentó, todos quedaron, como siempre, asombrados por su grandeza.

-Quiero daros las gracias a todos por confiar en mí para la realización de este proyecto. Ha sido un placer no sólo diseñar este edificio, sino también levantarlo piedra a piedra con mis propias manos para…..

De repente, se oyó un enorme crujido y el edificio se vino abajo ante la mirada atónita de todos los asistentes, que pronto empezaron a sorprenderse por el trabajo tan malo que esta vez había realizado el arquitecto. Su fama, como el edificio, se vino abajo en cuestión de segundos.

Enfadado, el hermano pequeño se dirigió al mayor a gritarle todos los insultos que pasaban por su mente, pero mientras más gritaba y gritaba más se reía el hermano pequeño-

-¿Se puede saber de qué te ríes?, -preguntó el pequeño enfadado.

-¡¡Ay hermano, hermano!!, jamás pensé que la fama acabaría contigo de esta manera, pero lo que menos pensé aún es que olvidarías un día que un edificio, por muy bien diseñado que esté y muy bonito que luzca sobre el papel que lo acoge, jamás será nada si nadie le da forma, ¿o te has olvidado ya de los dibujos que hacías cuando eras pequeño? Ahora ya sabes que un arquitecto nunca será nada sin unos obreros que arrimen el hombro para sacar adelante el trabajo. La próxima vez, no olvides que tus ideas sólo se hacen brillantes si tu equipo las sostiene y las mejora, así que procura no enfadarlo y darle las gracias de vez en cuando…

El camino

Nunca sabes cuando tendrás que abandonar un camino y empezar otro. El camino hacia una nueva meta, una que incluso nunca te hayas planteado. No importar que fueses (o que creyeses que fueses) por el camino correcto. Ni importa que el camino estuviese despejado y soleado. No importa que te sintieses cómoda en él. Ni siquiera importa que no fueses tu la que eligiese abandonar ese camino, a veces la vida decide por ti. Pero el caso es que un día, sin previo aviso, el camino llega a su fin, sin más. Y, de repente, te ves de rodillas, con la cabeza agachada mirando al suelo, preguntándote, una y otra vez, que vas a hacer ahora (que por cierto al agachar la mirada, descubres lo gastados que estaban ya esos zapatos y, al parar, por obligación, te das cuenta de cuanto te dolían los pies).

Y como te duelen los pies y los zapatos están rotos, te sientas a descansar, a la sombra, mientras miras atrás el camino. ¿Cómo puede ser? ¿Cómo puede haber pasado? Un camino recorrido durante tanto tiempo, aplanado con esfuerzo para hacerlo más llevadero, con metas en tu cabeza, con vistas al horizonte…. ¿cómo puede haberse acabado? Y entonces te sientes perdida, y lloras. Y decides quedarte ahí, absorta.

Pero un día todo cambia. No sabes si algo, si alguien (si tu misma) te gira la cabeza y te muestra nuevos caminos. Caminos que no habías visto o que habías olvidado, con nuevas metas, con nuevos horizontes. Y descubres de nuevo un pájaro en el cielo que habías perdido de vista. Y sonríes, te levantas y te atreves. Te atreves a soñar de nuevo. Te levantas y abandonas ese camino marchito que, sin darte cuenta, te había atrapado. El camino del conformismo que te regalaba estabilidad (bendito tesoro en los tiempos que corren), pero poco más. Y piensas de nuevo en tu vaquita y en como la tiraron por el barranco. Y esbozas una sonrisa, pero te vas, para siempre.

Sale el sol (y hasta te sientes culpable por sonreir en medio de la tormenta, pero sonríes). Te calzas unos nuevos zapatos y emprendes un nuevo camino. No sabes lo que te espera pero has dado el primer paso, ya no hay vuelta atrás, hay que seguir caminando. A lo lejos, la niebla borra el camino que ya dejaste. Y así, continúa tu historia.

 

Enero

                                             Foto: Radio Grazalema

 

Enero amanece gélido tras los cristales. Se ha vestido de blanco inmaculado para estrenar el año; quizás así, sin manchar, quiere recordarnos que la esperanza debe seguir viva, alerta en cada esquina, en cada tejado. Los nuevos propósitos se amontonan en cada esquina. Mi perro se recuesta en el sofá, enroscado en su mantita, buscando el calor perdido. El humo de las chimeneas se vislumbra a lo lejos, gris oscuro, como queriendo quemar lo malo que el año que se ha marchado nos ha dejado. El mar se enfada, mostrando su cara más agresiva. Los pájaros se refugian en lo más profundo de los árboles perennes que conservan tristes sus hojas. No hay sol, y cuando aparece no calienta. La sonrisa tirita debajo de una mascarilla que ahora pareciera protegernos también del frío. Las manos no hacen castillos en el aire, se mantienen escondidas para abrigarse. Los pies se empeñan en dar pasos congelados. El café se enfría. La noche llega temprano. El tiempo se para, cogemos fuerzas. Y por eso, y otras cosas, me gusta enero…

Eterno Febrero: Momentos

Hoy os cambio los poemas por momentos. Momentos vividos, momentos que animan a seguir cogiendo la pluma para sentirse libre. Con apenas un mes de vida mi libro me ha enseñado que siempre merece la pena intentarlo, que la satisfacción de dirigir tus pasos hacia la ansiada meta, de empezar a caminar, siempre va a merecer la pena. He querido compartir con los lectores en el blog de Exlibric la experiencia del primer mes de vida de mi libro, las primeras impresiones, los primeros momentos vividos. Y también uno de los poemas que aparecen en el libro, que espero que os guste. También aprovecho para compartir con vosotros un reportaje y una entrevista que me han hecho sobre el libro, espero que os guste 🙂

ETERNO FEBRERO: ¡¡EL PRIMER MES!!

Ya hace un mes que Eterno Febrero vio la luz y he pensado que despedir el año compartiendo la experiencia de los primeros pasos de un libro  con los lectores podía ser una buena forma de ir cerrando 2020. Así que aquí estoy, queridos lectores, con la ilusión a flor de piel viendo como mi libro está dando poco a poco sus primeros pasos.

Recuerdo con especial cariño el día que el libro llegó a mis manos. Había trabajo con Exlibric durante meses en darle forma. Primero “las tripas” (el interior del libro), luego el diseño de la portada, las correcciones, los cambios de última hora… todo hasta conseguir la armonía, hasta convertir una idea en mente durante años en un boceto y un boceto en un archivo pdf. de lo que iba a ser, por fin, el libro de mis sueños. Desde entonces, lo había visualizado de mil formas diferentes en mi cabeza mientras esperaba el gran momento. Y llegó, porque todo llega aunque parezca que nunca va a llegar. El porterillo, mi perro ladrando, y una caja, cargada de libros, impregnada de sueños. Y ahí estaba, blanco inmaculado esperando a ser devorado por algún lector. Para convertirme en lectora de mi propio libro. Creo que esa es una de las mayores satisfacciones de un escritor, leer su propio libro, ser consciente de que lo que deambulaba por su cabeza es ya una realidad. Eterno febrero llegaba a mis manos un día cualquiera del último mes de un año muy malo para muchos y no muy bueno para mí. Pensé entonces que siempre se cuela algún rayo de luz en la tormenta. A partir de ahí, todo fueron experiencias….. leer texto completo

A continuación, os comparto el reportaje y la entrevista 🙂

Reportaje Diario de Cádiz

Entrevista Radio Grazalema

Relato. El trozo de papel

El día se apagaba en mi soledad otra tarde. En el suelo se amontaban las cervezas que me habían llevado de nuevo a otros mundos, a esos que plasmaba en mi papel para ser libre y que, para mi sorpresa, a todos encantaba. Era un escritor famoso, y eso me gustaba, por qué negarlo, pero, a veces, mi capacidad de análisis del mundo, y la frustración que esto causaba en mi subconsciente no compensaban mi fama.

Aquella tarde, tras el humo del enésimo cigarro de marihuana que se consumía en mis dedos, vislumbré una figura amarga que, lejos de dar miedo, helaba el alma mientras me invitaba a conocer su mundo de lujuria pagada con sufrimiento. El mismísimo diablo había venido a tomarse un café conmigo y me miraba mientras escribía estas líneas en un trozo de papel casi roto. Quiso asustarme con sus historias macabras que apenas inmutaban la comisura de mis labios. Apagué el “cigarrillo” y, con sus ojos fijos en mis manos, escribí aquellas líneas…

<<Vivo en un mundo donde una foto en bikini con unos pechos exuberantes recibe más halagos que unas líneas escritas desde lo más profundo del alma. Un lugar donde la moda impone lo que debemos ser y nuestra imagen lo que somos (o lo que no somos). Donde un beso se compra y un aplauso se vende al mejor postor. En un lugar donde se han perdido los valores, los principios, la dignidad y el respecto.

Vivo en un mundo donde el dinero justifica guerras, abusos, maltratos y hasta falsos amores. Donde ponemos precio a todo y valor… a nada.

Soy de un lugar donde los ojos se hicieron inmunes a la barbarie de tanto verla y el llanto se quedó grabado en las miradas tristes para siempre.

Un sitio donde ya no importa nada, salvo nosotros mismos.

Vivo en un mundo donde los niños quieren ser hombres demasiado pronto y los hombres… ya no saben ser niños. En un lugar de miradas perdidas que perdieron la luz que iluminaba el camino y ahora viven a la sombra de sus fracasos. En calles de nadie y miedos de todos.

Vivo en un mundo de cobardes, donde los valientes se esconden de ellos mismos. Donde las cabezas agachadas encorvan poco a poco la espalda hasta ponerse de rodillas para siempre. Vivo en un mundo donde la muerte…>>

–Silencio!!! Para de escribir de una vez -gritó una voz estridente que nubló el sol de la tarde, mientras golpeaba mi lápiz, que empezó a volar por la terraza-  ¿Quién está osando quitarme el dominio del mal?

Yo, lejos de asustarme de sus gritos… sonreí irónicamente (pues nada de todo lo que le había escrito me suponía goce alguno desde hacía tiempo).

–¿Quién? -respondí entonces- El hombre.

Y el mismo Lucifer explotó en mil pedazos frente a mis ojos.

Cuando desperté, una camisa de fuerza anulaba cualquiera de mis movimientos. Una voz de mujer intentaba calmarme mientras mi esposa lloraba alegando que me encontró gritando, corriendo por la terraza y diciendo que mis palabras habían matado al mismo demonio, y que ahora vivíamos en el infierno para siempre….

Yo… no entendía nada, pero había un trozo de papel en mis manos que olvidaba por completo que había escrito.