Feria del libro de Málaga 2022

Ya van tres. Quien me iba a decir a mi que algún día participaría en una feria del libro con mi propio libro. Al final va a ser verdad eso de que los sueños se cumplen. Eterno Febrero volverá este viernes a la Feria del Libro de Málaga. Estaré firmando libros en la Plaza de la Marina, caseta 22, a partir de las 18.30.

Muchos ya lo conocéis pero, para los que no, hoy quiero hablaros de Eterno Febrero, mi libro, mi primer libro. Se trata de un pequeño poemario homenaje a «mi gran amor», Cádiz, y mi gran pasión, el carnaval. Un conjunto de poemas de estilo romántico pero en el que el amor se disfraza de un amor algo menos típico, el amor a un lugar, el amor a una fiesta, el amor a una forma de vida.

El libro tiene, además, el honor de contar con David Carapapa como prologista, ya que Eterno Febrero me dio la oportunidad de conocer a uno de los mejores comparsistas que, bajo mi punto de vista, tiene el carnaval de Cádiz. Y también ha llegado a las manos de otros copleros, como el gran Antonio Martín, todo un orgullo que mis letras hayan sido leídas por esos maestros gaditanos de las letras. 

Crearlo fue una aventura, pues fueron poemas que estuvieron mucho tiempo escondidos en un cajón y que salieron a la luz en forma de libro cuando, quizás, más los necesitaba. Así sucede muchas veces, pareciera que las cosas vienen cuando tienen que venir, y Eterno Febrero llegó después de haberme perdido (profesionalmente hablando). Vino a darme un chute de energía para reinventarme y para, de una vez por todas, luchar por lo que más quería.

Sentí, en cierto modo, que los versos de este libro vinieron para salvarme, como siempre ocurre con la poesía, como siempre ocurre con las escritura. En ella encuentro la terapia que, psicológicamente, muchas veces necesito. Con ella me siento yo, sin más, me siento única, me siento diferente, me siento libre. Tocó reinventarse entonces, y aún estamos en ello, pero Febrero siempre será eterno entres sus páginas y este viernes, vuelve a salir a la calle para buscar más lectores… ¿te vienes conmigo?

P. D. Y si has llegado hasta aquí, te comparto en este link con las primeras páginas de mi libro, por si te animas a leerlo 🙂

 

El camino

Lo había subido cientos de veces, y le encantaba. Aquel camino, aunque un poco estrecho y empinado, miraba al mar. A un horizonte despejado que siempre la llenaba de energía. Pero llevaba tiempo sin recorrerlo, pues Carla no era la misma. Aquella mañana, por azares del destino, sus paseos terminaron en la entrada de aquel camino, y Carla decidió fijar sus pasos hacía el sendero. Pero el camino, que parecía el mismo y que realmente lo era, ya no era el mismo para ella, ahora tenía obstáculos de los que nunca se había percatado así que, cuando empezó, y a lo lejos vio que el camino se estrechaba, decidió retroceder. ¡¡Imposible, ya no puedo pasar por ahí!! – pensó. Así que, cabizbaja, Carla se dio la vuelta y añoró su preciado camino. Y el disfrute de aquel sendero se esfumó ante los ojos de Carla, como se esfuman los sueños que creemos inalcanzables….

Los días pasaron y una tarde, agarrada de otra mano diferente a la suya, Carlo llegó al camino. Lo miró y pasó de largo. ¿Cómo? ¿Ya no subes al camino? – le dijo aquella voz que acompañaba ese día su paseo. No, ya no puedo – contestó Carla. Tonterías…y la mano la agarró con todas sus fuerzas. Sube conmigo. Y Carla subió, y llegó hasta donde el camino se estrechaba, y descubrió que cabía y siguió, y siguió caminando y aquellos obstáculos que había dibujado en su mente, no existían, eran fruto del miedo, del cambio que había experimentado en su vida que le hacía sentirse mas débil. Pero no era así, claro que no era así.

Cuando llegaron, era un día claro y el mar se veía más azul que nunca. Carla miró al lado y abrazó a la persona que la había acompañado. Supo entonces que, a veces, necesitamos que alguien nos empuje, nos de la mano y nos ayudé a subir el sendero. Porque la falta de confianza en nosotros mismos hace que nuestra mente a veces se nuble, y veamos fantasmas donde no los hay. Así que sube el camino, no tengas miedo, y ya pasaremos los obstáculos cuando lleguen 😊

Cumpleaños

Nació del paso del tiempo avasallado, de los recuerdos y amores perdidos. Saldó la deuda de mi alma con mi tacita. Tapó la desilusión y encendió antorchas para seguir adelante. Fue un sueño cumplido a trompicones. Compartió mi interior con mi otra vida. Vino en plena pandemia con las alas atadas y aún así, ha sabido volar libre, casi sólo. Ha llegado a las manos de algunos de los que inspiraron sus versos. Se ha pintado de colores y serpentinas en días grises. Va caminando poquito a poco, entre líneas, y hoy cumple un año… #EternoFebrero, mi eterno Febrero que siempre suena a coplas y a poesía. Tú, y unos versos… A veces es todo lo que necesito…

Ausente

No me fui, pero cuando se esperan cambios importantes, la pluma, a veces, se detiene. Es como si se durmiese un tiempo en el cajón esperando ser empuñada de nuevo con más fuerza.

No me fui, lo sé, porque creí que me había ido muchas veces y siempre estuve. Y estaré, porque ya no sé estar sin ti, porque estás siempre en mi… Esperando. Porque eres ese yo que me hace libre.

No me fui, pero ahora camino más despacio, mirando a las nubes, vislumbrando nuevos horizontes, distraída.

No me fui, pero el calor del verano que se acerca ralentiza el mecanismo.

No me fui, pero de nuevo me escondo tras las flores, a embriagarme de su perfume.

No fui, pero, a veces, es como si la vida se parase y todo parase con ella.

Y aunque no me fui, ahora creo que estoy ausente y tú… en la espera…

La sirena

No estaba acostumbrada a la tranquilidad del mar, a la paz que transmitía el rugir del oleaje. Cuando sus pies tocaron la arena aquella mañana, su cuerpo se perdió para siempre y todos lloraron su ausencia.

Nunca apareció. Pero lo que nadie sabía es que nadaba en el fondo del mar, feliz, libre para siempre.


Un marinero me dijo una tarde que había visto una sirena con sus ojos

Microrrelato. Soledad

La vi sentada al filo de un banco. Sola. Mochila a la espalda. Parecía pasear su soledad de un sitio a otro. Llevaba zapatos blancos, ropa fresca de verano y un sombrero. Se sentó, comió, descansó y siguió su camino. La vi alejarse. La perdí de vista. Me pareció un fantasma por un momento. Y me pregunté donde iría. Y pensé…que era cierto…la soledad tenía nombre y forma de mujer. Y también…iba sola…

Un Febrero sin ti…pero contigo

 

Febrero se marcha, esta vez sin colores. Sin cañón de papelillos, sin batallas con disfraz. Gris, pero gris plata, porque la plata de la tacita siempre reluce, incluso a lo lejos. No hubo teatro, ni gritos, ni aplausos… Pero hubo coplas, porque las coplas de carnaval nunca mueren, porque algunas se hacen fuerte ante las adversidades…

Hoy te miro en la distancia y te sueño, como antaño, nostálgica de tu música retumbando en cada esquina. Mis pies perdidos no han caminado a tu playa por aceras de colores, no he sonreído levantando mi vista a tu teatro, Cádiz mío. Y no hubo noches previas a tu encuentro de insomnio, ni madrugadas de resaca llegando dormida a la primera luz del día. No hubo peregrinación a mi tacita…

Y sin embargo, cosas de la vida, este año, tan lejos de ti, de tus copleros, de sentirte cada noche en la distancia… he estado más cerca que nunca de mi carnaval bendito.

No te había visto, Málaga, o al menos, no me había fijado en ti lo suficiente. Eras el otro carnaval. Tantos años mirándote desde lejos, y te tenía tan cerca… Y este año, en esa pena gris plata de no tener mi carnaval, viniste a llamar a mi puerta. Como si hubieses entendido que era ese, y no otro, el momento de hacerlo. Y al levantar mi mirada empañada, ahí estabas tú, disfrazado, como siempre, con dos coloretes y una sonrisa, con un disfraz para mí, para enseñarme que ese otro carnaval, no es otro, que es el mismo, tan igual, tan diferente…

Y te he vivido por dentro, en tus entrañas, en una situación tan distinta para todos, tan nueva para mí, que parecía que eras el tú de siempre confinado, aprendiendo a sonreir en estos tiempos donde la sonrisa, que nos taparon un día, se ha hecho imprescindible para seguir caminando. Tú viniste a dibujarla. Y vivirte desde dentro ha sido un lujo para esta carnavalera que nunca pensó que un día pudiese estar “al otro lado”. Y allí, en el otro lado (en el lado oscuro), he conocido a personas maravillosas y he descubierto que eres real, honesto y sincero, aunque algunos te tachen de mentiroso. Lo que pasa, y esto es algo que aún no se entiende, es que eres cientos de versiones diferentes de uno mismo, miles de opiniones retumbando, ardiendo como el fuego que luego se hace cenizas, en la quema del dios momo, pero que siempre se recuerda, por el hollín que allí deja.

Pero eres tu, da igual el sitio, da igual el momento… siempre eres tú, en cada corazón que late al ritmo del 3×4, en cada garganta que ruje, en cada mano que te aplaude, en cada mirada que se emociona. Tú, carnaval, en este Febrero extraño que hoy se nos marcha, como siempre, sonriendo. En este Eterno Febrero que siempre nos hace libre. Y como, cada año, toca colgar un nuevo calendario en nuestras paredes para empezar de nuevo a arrancar sus hojas, esperando, un año más, que vuelva a llegar Febrero, sea como sea, pero que llegue, que siempre llegue….

 

Guitarra dormida que esperas, 

que llegue de nuevo Febrero,

no temas, no llores, no sufras

que siempre que exista un coplero

guitarra, serás siempre libre

guitarra, tu serás Febrero.

 

                                                                  A todos los carnavaleros

                                                                                 que hacen posible cada carnaval!!

Cuento. El arquitecto

 

Había una vez dos hermanos que vivían en un hermoso reino. El más pequeño de ellos pasaba las horas y las horas dibujando casas, enormes casas, con maravillosos ventanales y balcones que bien podrían ser la envidia de los más altos mandatos del reino. El mayor tenía la extraña costumbre de unir ramas con todo lo que encontraba, cuerdas, arcilla, pegamento… cualquier cosa podía valerle para construir estructuras resistentes.

Una mañana, el hermano pequeño, quiso dar vida a uno de sus dibujos, pero por más que lo intentó, la estructura se venía abajo una y otra vez. Probó con otro, y después con otro, una y otra vez, pero el resultado era siempre el mismo. El mayor, que pasaba por allí al derrumbarse una vez más el intento fallido de su hermano, se interesó por saber qué había ocurrido. Miró el papel, analizó el dibujo de su hermano y, en menos de cinco minutos, el dibujo que yacía inerte en el papel tomó vida de forma gloriosa y resistente. Ante el asombro del pequeño, éste decidió compartir sus dibujos con su hermano mayor y pronto todos sus diseños fueron tomando forma.

Pasaron los años y el hermano pequeño se convirtió en uno de los arquitectos más famosos del reino que, con la ayuda de su hermano mayor y otros muchos como él que se fueron uniendo a la aventura, fueron dando forma a las más famosas viviendas del reino. Tal fue la fama que alcanzó el arquitecto, que hasta los reyes le encargaron hermosos palacios donde asentarse. El arquitecto, su hermano mayor y el equipo de aventureros eran felices recorriendo mundo y mostrando a todos la inmensidad de sus obras.

Pero un día, todo cambió. El pequeño hermano, que siempre había agradecido y reconocido ante todos el trabajo de su hermano mayor y de todo el equipo que dirigía, dejó de hablar de ellos. Cuando inauguraban un edificio, nunca llamaba al equipo. Si le preguntaban que quien había hecho tal mansión, decía que había sido él solito. Cuando algún edificio suyo era premiado, no compartía lo que ganaba. Y hasta dejó de tratar a su hermano como a un verdadero hermano, limitándose siempre a darle órdenes y a desvalorar continuamente a todo el equipo que los acompañaba.

Fue por aquel entonces cuando una princesa de un lejano reino le encargó al arquitecto uno de los edificios más importantes de toda su carrera. Debía hacer tres palacios, con sus piscinas, sus jardines y perfectos interiores que se inaugurarían ante los representantes de todos los reinos. Inmediatamente, el hermano pequeño se dirigió a su hermano mayor y, con aires de grandeza, como siempre últimamente, le explicó el proyecto que había diseñado.

-No puede fallar nada, ¡¡me oyes!! –le gritaba-. Después de esto seré reconocido como el arquitecto más importante de la historia y nadie podrá pararme, porque soy el mejor de los mejores de toda la historia.

El hermano mayor, cansado de la prepotencia de su hermano pequeño, habló con su equipo y trazó un plan perfecto para que su hermano aprendiese a valorar de nuevo el trabajo de todo el equipo… ¡¡Y funcionó!!!

Llegó el día de la inauguración del edificio. Tal como el hermano pequeño había comentado, los más importantes cargos del reino estaban todos allí, expectantes, y el hermano pequeño presumía de su obra una y otra vez, de esa que decía que el mismo había levantado con sus propias manos y que era tan resistente que el mismo Ulises podría pisarlo y no lograría derribarlo. Cuando el edificio se presentó, todos quedaron, como siempre, asombrados por su grandeza.

-Quiero daros las gracias a todos por confiar en mí para la realización de este proyecto. Ha sido un placer no sólo diseñar este edificio, sino también levantarlo piedra a piedra con mis propias manos para…..

De repente, se oyó un enorme crujido y el edificio se vino abajo ante la mirada atónita de todos los asistentes, que pronto empezaron a sorprenderse por el trabajo tan malo que esta vez había realizado el arquitecto. Su fama, como el edificio, se vino abajo en cuestión de segundos.

Enfadado, el hermano pequeño se dirigió al mayor a gritarle todos los insultos que pasaban por su mente, pero mientras más gritaba y gritaba más se reía el hermano pequeño-

-¿Se puede saber de qué te ríes?, -preguntó el pequeño enfadado.

-¡¡Ay hermano, hermano!!, jamás pensé que la fama acabaría contigo de esta manera, pero lo que menos pensé aún es que olvidarías un día que un edificio, por muy bien diseñado que esté y muy bonito que luzca sobre el papel que lo acoge, jamás será nada si nadie le da forma, ¿o te has olvidado ya de los dibujos que hacías cuando eras pequeño? Ahora ya sabes que un arquitecto nunca será nada sin unos obreros que arrimen el hombro para sacar adelante el trabajo. La próxima vez, no olvides que tus ideas sólo se hacen brillantes si tu equipo las sostiene y las mejora, así que procura no enfadarlo y darle las gracias de vez en cuando…

El camino

Nunca sabes cuando tendrás que abandonar un camino y empezar otro. El camino hacia una nueva meta, una que incluso nunca te hayas planteado. No importar que fueses (o que creyeses que fueses) por el camino correcto. Ni importa que el camino estuviese despejado y soleado. No importa que te sintieses cómoda en él. Ni siquiera importa que no fueses tu la que eligiese abandonar ese camino, a veces la vida decide por ti. Pero el caso es que un día, sin previo aviso, el camino llega a su fin, sin más. Y, de repente, te ves de rodillas, con la cabeza agachada mirando al suelo, preguntándote, una y otra vez, que vas a hacer ahora (que por cierto al agachar la mirada, descubres lo gastados que estaban ya esos zapatos y, al parar, por obligación, te das cuenta de cuanto te dolían los pies).

Y como te duelen los pies y los zapatos están rotos, te sientas a descansar, a la sombra, mientras miras atrás el camino. ¿Cómo puede ser? ¿Cómo puede haber pasado? Un camino recorrido durante tanto tiempo, aplanado con esfuerzo para hacerlo más llevadero, con metas en tu cabeza, con vistas al horizonte…. ¿cómo puede haberse acabado? Y entonces te sientes perdida, y lloras. Y decides quedarte ahí, absorta.

Pero un día todo cambia. No sabes si algo, si alguien (si tu misma) te gira la cabeza y te muestra nuevos caminos. Caminos que no habías visto o que habías olvidado, con nuevas metas, con nuevos horizontes. Y descubres de nuevo un pájaro en el cielo que habías perdido de vista. Y sonríes, te levantas y te atreves. Te atreves a soñar de nuevo. Te levantas y abandonas ese camino marchito que, sin darte cuenta, te había atrapado. El camino del conformismo que te regalaba estabilidad (bendito tesoro en los tiempos que corren), pero poco más. Y piensas de nuevo en tu vaquita y en como la tiraron por el barranco. Y esbozas una sonrisa, pero te vas, para siempre.

Sale el sol (y hasta te sientes culpable por sonreir en medio de la tormenta, pero sonríes). Te calzas unos nuevos zapatos y emprendes un nuevo camino. No sabes lo que te espera pero has dado el primer paso, ya no hay vuelta atrás, hay que seguir caminando. A lo lejos, la niebla borra el camino que ya dejaste. Y así, continúa tu historia.

 

Enero

                                             Foto: Radio Grazalema

 

Enero amanece gélido tras los cristales. Se ha vestido de blanco inmaculado para estrenar el año; quizás así, sin manchar, quiere recordarnos que la esperanza debe seguir viva, alerta en cada esquina, en cada tejado. Los nuevos propósitos se amontonan en cada esquina. Mi perro se recuesta en el sofá, enroscado en su mantita, buscando el calor perdido. El humo de las chimeneas se vislumbra a lo lejos, gris oscuro, como queriendo quemar lo malo que el año que se ha marchado nos ha dejado. El mar se enfada, mostrando su cara más agresiva. Los pájaros se refugian en lo más profundo de los árboles perennes que conservan tristes sus hojas. No hay sol, y cuando aparece no calienta. La sonrisa tirita debajo de una mascarilla que ahora pareciera protegernos también del frío. Las manos no hacen castillos en el aire, se mantienen escondidas para abrigarse. Los pies se empeñan en dar pasos congelados. El café se enfría. La noche llega temprano. El tiempo se para, cogemos fuerzas. Y por eso, y otras cosas, me gusta enero…