Un Febrero sin ti…pero contigo

 

Febrero se marcha, esta vez sin colores. Sin cañón de papelillos, sin batallas con disfraz. Gris, pero gris plata, porque la plata de la tacita siempre reluce, incluso a lo lejos. No hubo teatro, ni gritos, ni aplausos… Pero hubo coplas, porque las coplas de carnaval nunca mueren, porque algunas se hacen fuerte ante las adversidades…

Hoy te miro en la distancia y te sueño, como antaño, nostálgica de tu música retumbando en cada esquina. Mis pies perdidos no han caminado a tu playa por aceras de colores, no he sonreído levantando mi vista a tu teatro, Cádiz mío. Y no hubo noches previas a tu encuentro de insomnio, ni madrugadas de resaca llegando dormida a la primera luz del día. No hubo peregrinación a mi tacita…

Y sin embargo, cosas de la vida, este año, tan lejos de ti, de tus copleros, de sentirte cada noche en la distancia… he estado más cerca que nunca de mi carnaval bendito.

No te había visto, Málaga, o al menos, no me había fijado en ti lo suficiente. Eras el otro carnaval. Tantos años mirándote desde lejos, y te tenía tan cerca… Y este año, en esa pena gris plata de no tener mi carnaval, viniste a llamar a mi puerta. Como si hubieses entendido que era ese, y no otro, el momento de hacerlo. Y al levantar mi mirada empañada, ahí estabas tú, disfrazado, como siempre, con dos coloretes y una sonrisa, con un disfraz para mí, para enseñarme que ese otro carnaval, no es otro, que es el mismo, tan igual, tan diferente…

Y te he vivido por dentro, en tus entrañas, en una situación tan distinta para todos, tan nueva para mí, que parecía que eras el tú de siempre confinado, aprendiendo a sonreir en estos tiempos donde la sonrisa, que nos taparon un día, se ha hecho imprescindible para seguir caminando. Tú viniste a dibujarla. Y vivirte desde dentro ha sido un lujo para esta carnavalera que nunca pensó que un día pudiese estar “al otro lado”. Y allí, en el otro lado (en el lado oscuro), he conocido a personas maravillosas y he descubierto que eres real, honesto y sincero, aunque algunos te tachen de mentiroso. Lo que pasa, y esto es algo que aún no se entiende, es que eres cientos de versiones diferentes de uno mismo, miles de opiniones retumbando, ardiendo como el fuego que luego se hace cenizas, en la quema del dios momo, pero que siempre se recuerda, por el hollín que allí deja.

Pero eres tu, da igual el sitio, da igual el momento… siempre eres tú, en cada corazón que late al ritmo del 3×4, en cada garganta que ruje, en cada mano que te aplaude, en cada mirada que se emociona. Tú, carnaval, en este Febrero extraño que hoy se nos marcha, como siempre, sonriendo. En este Eterno Febrero que siempre nos hace libre. Y como, cada año, toca colgar un nuevo calendario en nuestras paredes para empezar de nuevo a arrancar sus hojas, esperando, un año más, que vuelva a llegar Febrero, sea como sea, pero que llegue, que siempre llegue….

 

Guitarra dormida que esperas, 

que llegue de nuevo Febrero,

no temas, no llores, no sufras

que siempre que exista un coplero

guitarra, serás siempre libre

guitarra, tu serás Febrero.

 

                                                                  A todos los carnavaleros

                                                                                 que hacen posible cada carnaval!!

Cuento. El arquitecto

 

Había una vez dos hermanos que vivían en un hermoso reino. El más pequeño de ellos pasaba las horas y las horas dibujando casas, enormes casas, con maravillosos ventanales y balcones que bien podrían ser la envidia de los más altos mandatos del reino. El mayor tenía la extraña costumbre de unir ramas con todo lo que encontraba, cuerdas, arcilla, pegamento… cualquier cosa podía valerle para construir estructuras resistentes.

Una mañana, el hermano pequeño, quiso dar vida a uno de sus dibujos, pero por más que lo intentó, la estructura se venía abajo una y otra vez. Probó con otro, y después con otro, una y otra vez, pero el resultado era siempre el mismo. El mayor, que pasaba por allí al derrumbarse una vez más el intento fallido de su hermano, se interesó por saber qué había ocurrido. Miró el papel, analizó el dibujo de su hermano y, en menos de cinco minutos, el dibujo que yacía inerte en el papel tomó vida de forma gloriosa y resistente. Ante el asombro del pequeño, éste decidió compartir sus dibujos con su hermano mayor y pronto todos sus diseños fueron tomando forma.

Pasaron los años y el hermano pequeño se convirtió en uno de los arquitectos más famosos del reino que, con la ayuda de su hermano mayor y otros muchos como él que se fueron uniendo a la aventura, fueron dando forma a las más famosas viviendas del reino. Tal fue la fama que alcanzó el arquitecto, que hasta los reyes le encargaron hermosos palacios donde asentarse. El arquitecto, su hermano mayor y el equipo de aventureros eran felices recorriendo mundo y mostrando a todos la inmensidad de sus obras.

Pero un día, todo cambió. El pequeño hermano, que siempre había agradecido y reconocido ante todos el trabajo de su hermano mayor y de todo el equipo que dirigía, dejó de hablar de ellos. Cuando inauguraban un edificio, nunca llamaba al equipo. Si le preguntaban que quien había hecho tal mansión, decía que había sido él solito. Cuando algún edificio suyo era premiado, no compartía lo que ganaba. Y hasta dejó de tratar a su hermano como a un verdadero hermano, limitándose siempre a darle órdenes y a desvalorar continuamente a todo el equipo que los acompañaba.

Fue por aquel entonces cuando una princesa de un lejano reino le encargó al arquitecto uno de los edificios más importantes de toda su carrera. Debía hacer tres palacios, con sus piscinas, sus jardines y perfectos interiores que se inaugurarían ante los representantes de todos los reinos. Inmediatamente, el hermano pequeño se dirigió a su hermano mayor y, con aires de grandeza, como siempre últimamente, le explicó el proyecto que había diseñado.

-No puede fallar nada, ¡¡me oyes!! –le gritaba-. Después de esto seré reconocido como el arquitecto más importante de la historia y nadie podrá pararme, porque soy el mejor de los mejores de toda la historia.

El hermano mayor, cansado de la prepotencia de su hermano pequeño, habló con su equipo y trazó un plan perfecto para que su hermano aprendiese a valorar de nuevo el trabajo de todo el equipo… ¡¡Y funcionó!!!

Llegó el día de la inauguración del edificio. Tal como el hermano pequeño había comentado, los más importantes cargos del reino estaban todos allí, expectantes, y el hermano pequeño presumía de su obra una y otra vez, de esa que decía que el mismo había levantado con sus propias manos y que era tan resistente que el mismo Ulises podría pisarlo y no lograría derribarlo. Cuando el edificio se presentó, todos quedaron, como siempre, asombrados por su grandeza.

-Quiero daros las gracias a todos por confiar en mí para la realización de este proyecto. Ha sido un placer no sólo diseñar este edificio, sino también levantarlo piedra a piedra con mis propias manos para…..

De repente, se oyó un enorme crujido y el edificio se vino abajo ante la mirada atónita de todos los asistentes, que pronto empezaron a sorprenderse por el trabajo tan malo que esta vez había realizado el arquitecto. Su fama, como el edificio, se vino abajo en cuestión de segundos.

Enfadado, el hermano pequeño se dirigió al mayor a gritarle todos los insultos que pasaban por su mente, pero mientras más gritaba y gritaba más se reía el hermano pequeño-

-¿Se puede saber de qué te ríes?, -preguntó el pequeño enfadado.

-¡¡Ay hermano, hermano!!, jamás pensé que la fama acabaría contigo de esta manera, pero lo que menos pensé aún es que olvidarías un día que un edificio, por muy bien diseñado que esté y muy bonito que luzca sobre el papel que lo acoge, jamás será nada si nadie le da forma, ¿o te has olvidado ya de los dibujos que hacías cuando eras pequeño? Ahora ya sabes que un arquitecto nunca será nada sin unos obreros que arrimen el hombro para sacar adelante el trabajo. La próxima vez, no olvides que tus ideas sólo se hacen brillantes si tu equipo las sostiene y las mejora, así que procura no enfadarlo y darle las gracias de vez en cuando…

El camino

Nunca sabes cuando tendrás que abandonar un camino y empezar otro. El camino hacia una nueva meta, una que incluso nunca te hayas planteado. No importar que fueses (o que creyeses que fueses) por el camino correcto. Ni importa que el camino estuviese despejado y soleado. No importa que te sintieses cómoda en él. Ni siquiera importa que no fueses tu la que eligiese abandonar ese camino, a veces la vida decide por ti. Pero el caso es que un día, sin previo aviso, el camino llega a su fin, sin más. Y, de repente, te ves de rodillas, con la cabeza agachada mirando al suelo, preguntándote, una y otra vez, que vas a hacer ahora (que por cierto al agachar la mirada, descubres lo gastados que estaban ya esos zapatos y, al parar, por obligación, te das cuenta de cuanto te dolían los pies).

Y como te duelen los pies y los zapatos están rotos, te sientas a descansar, a la sombra, mientras miras atrás el camino. ¿Cómo puede ser? ¿Cómo puede haber pasado? Un camino recorrido durante tanto tiempo, aplanado con esfuerzo para hacerlo más llevadero, con metas en tu cabeza, con vistas al horizonte…. ¿cómo puede haberse acabado? Y entonces te sientes perdida, y lloras. Y decides quedarte ahí, absorta.

Pero un día todo cambia. No sabes si algo, si alguien (si tu misma) te gira la cabeza y te muestra nuevos caminos. Caminos que no habías visto o que habías olvidado, con nuevas metas, con nuevos horizontes. Y descubres de nuevo un pájaro en el cielo que habías perdido de vista. Y sonríes, te levantas y te atreves. Te atreves a soñar de nuevo. Te levantas y abandonas ese camino marchito que, sin darte cuenta, te había atrapado. El camino del conformismo que te regalaba estabilidad (bendito tesoro en los tiempos que corren), pero poco más. Y piensas de nuevo en tu vaquita y en como la tiraron por el barranco. Y esbozas una sonrisa, pero te vas, para siempre.

Sale el sol (y hasta te sientes culpable por sonreir en medio de la tormenta, pero sonríes). Te calzas unos nuevos zapatos y emprendes un nuevo camino. No sabes lo que te espera pero has dado el primer paso, ya no hay vuelta atrás, hay que seguir caminando. A lo lejos, la niebla borra el camino que ya dejaste. Y así, continúa tu historia.

 

Enero

                                             Foto: Radio Grazalema

 

Enero amanece gélido tras los cristales. Se ha vestido de blanco inmaculado para estrenar el año; quizás así, sin manchar, quiere recordarnos que la esperanza debe seguir viva, alerta en cada esquina, en cada tejado. Los nuevos propósitos se amontonan en cada esquina. Mi perro se recuesta en el sofá, enroscado en su mantita, buscando el calor perdido. El humo de las chimeneas se vislumbra a lo lejos, gris oscuro, como queriendo quemar lo malo que el año que se ha marchado nos ha dejado. El mar se enfada, mostrando su cara más agresiva. Los pájaros se refugian en lo más profundo de los árboles perennes que conservan tristes sus hojas. No hay sol, y cuando aparece no calienta. La sonrisa tirita debajo de una mascarilla que ahora pareciera protegernos también del frío. Las manos no hacen castillos en el aire, se mantienen escondidas para abrigarse. Los pies se empeñan en dar pasos congelados. El café se enfría. La noche llega temprano. El tiempo se para, cogemos fuerzas. Y por eso, y otras cosas, me gusta enero…

Eterno Febrero: Momentos

Hoy os cambio los poemas por momentos. Momentos vividos, momentos que animan a seguir cogiendo la pluma para sentirse libre. Con apenas un mes de vida mi libro me ha enseñado que siempre merece la pena intentarlo, que la satisfacción de dirigir tus pasos hacia la ansiada meta, de empezar a caminar, siempre va a merecer la pena. He querido compartir con los lectores en el blog de Exlibric la experiencia del primer mes de vida de mi libro, las primeras impresiones, los primeros momentos vividos. Y también uno de los poemas que aparecen en el libro, que espero que os guste. También aprovecho para compartir con vosotros un reportaje y una entrevista que me han hecho sobre el libro, espero que os guste 🙂

ETERNO FEBRERO: ¡¡EL PRIMER MES!!

Ya hace un mes que Eterno Febrero vio la luz y he pensado que despedir el año compartiendo la experiencia de los primeros pasos de un libro  con los lectores podía ser una buena forma de ir cerrando 2020. Así que aquí estoy, queridos lectores, con la ilusión a flor de piel viendo como mi libro está dando poco a poco sus primeros pasos.

Recuerdo con especial cariño el día que el libro llegó a mis manos. Había trabajo con Exlibric durante meses en darle forma. Primero “las tripas” (el interior del libro), luego el diseño de la portada, las correcciones, los cambios de última hora… todo hasta conseguir la armonía, hasta convertir una idea en mente durante años en un boceto y un boceto en un archivo pdf. de lo que iba a ser, por fin, el libro de mis sueños. Desde entonces, lo había visualizado de mil formas diferentes en mi cabeza mientras esperaba el gran momento. Y llegó, porque todo llega aunque parezca que nunca va a llegar. El porterillo, mi perro ladrando, y una caja, cargada de libros, impregnada de sueños. Y ahí estaba, blanco inmaculado esperando a ser devorado por algún lector. Para convertirme en lectora de mi propio libro. Creo que esa es una de las mayores satisfacciones de un escritor, leer su propio libro, ser consciente de que lo que deambulaba por su cabeza es ya una realidad. Eterno febrero llegaba a mis manos un día cualquiera del último mes de un año muy malo para muchos y no muy bueno para mí. Pensé entonces que siempre se cuela algún rayo de luz en la tormenta. A partir de ahí, todo fueron experiencias….. leer texto completo

A continuación, os comparto el reportaje y la entrevista 🙂

Reportaje Diario de Cádiz

Entrevista Radio Grazalema

Relato. El trozo de papel

El día se apagaba en mi soledad otra tarde. En el suelo se amontaban las cervezas que me habían llevado de nuevo a otros mundos, a esos que plasmaba en mi papel para ser libre y que, para mi sorpresa, a todos encantaba. Era un escritor famoso, y eso me gustaba, por qué negarlo, pero, a veces, mi capacidad de análisis del mundo, y la frustración que esto causaba en mi subconsciente no compensaban mi fama.

Aquella tarde, tras el humo del enésimo cigarro de marihuana que se consumía en mis dedos, vislumbré una figura amarga que, lejos de dar miedo, helaba el alma mientras me invitaba a conocer su mundo de lujuria pagada con sufrimiento. El mismísimo diablo había venido a tomarse un café conmigo y me miraba mientras escribía estas líneas en un trozo de papel casi roto. Quiso asustarme con sus historias macabras que apenas inmutaban la comisura de mis labios. Apagué el “cigarrillo” y, con sus ojos fijos en mis manos, escribí aquellas líneas…

<<Vivo en un mundo donde una foto en bikini con unos pechos exuberantes recibe más halagos que unas líneas escritas desde lo más profundo del alma. Un lugar donde la moda impone lo que debemos ser y nuestra imagen lo que somos (o lo que no somos). Donde un beso se compra y un aplauso se vende al mejor postor. En un lugar donde se han perdido los valores, los principios, la dignidad y el respecto.

Vivo en un mundo donde el dinero justifica guerras, abusos, maltratos y hasta falsos amores. Donde ponemos precio a todo y valor… a nada.

Soy de un lugar donde los ojos se hicieron inmunes a la barbarie de tanto verla y el llanto se quedó grabado en las miradas tristes para siempre.

Un sitio donde ya no importa nada, salvo nosotros mismos.

Vivo en un mundo donde los niños quieren ser hombres demasiado pronto y los hombres… ya no saben ser niños. En un lugar de miradas perdidas que perdieron la luz que iluminaba el camino y ahora viven a la sombra de sus fracasos. En calles de nadie y miedos de todos.

Vivo en un mundo de cobardes, donde los valientes se esconden de ellos mismos. Donde las cabezas agachadas encorvan poco a poco la espalda hasta ponerse de rodillas para siempre. Vivo en un mundo donde la muerte…>>

–Silencio!!! Para de escribir de una vez -gritó una voz estridente que nubló el sol de la tarde, mientras golpeaba mi lápiz, que empezó a volar por la terraza-  ¿Quién está osando quitarme el dominio del mal?

Yo, lejos de asustarme de sus gritos… sonreí irónicamente (pues nada de todo lo que le había escrito me suponía goce alguno desde hacía tiempo).

–¿Quién? -respondí entonces- El hombre.

Y el mismo Lucifer explotó en mil pedazos frente a mis ojos.

Cuando desperté, una camisa de fuerza anulaba cualquiera de mis movimientos. Una voz de mujer intentaba calmarme mientras mi esposa lloraba alegando que me encontró gritando, corriendo por la terraza y diciendo que mis palabras habían matado al mismo demonio, y que ahora vivíamos en el infierno para siempre….

Yo… no entendía nada, pero había un trozo de papel en mis manos que olvidaba por completo que había escrito.

Sueños

Hubo un tiempo en que soñar era barato. Servía de moneda de cambio en cualquier bar, de una esquina cualquiera, intercambiando risas con los amigos. Era fácil imaginarse victorioso, feliz y dichoso en ese mundo de locos que apenas empezábamos a conocer. Bastaban unas cervezas para crear nuevos sueños, y no había apisonadora lo suficientemente fuerte para destruirlos. Los sueños nacían en un café de media tarde y se alimentaban de días interminables tras la ventana ¡Bendita juventud inocente en que te crees invencible!

Y un día, nunca sabes cuándo ni recuerdas el momento ni el porqué, los sueños empiezan a convertirse en sombras de días pasados. Desaparecen, sin más, bajo las mantas. Justo al calor de la almohada, en una noche de verano, exactamente igual que aquella que los vio nacer. Sueños perdidos que a veces se recuerdan, pero que ya, casi nunca se persiguen.

La vida nos va robando ilusiones y regalando compromisos que nos atan a unas cadenas de seda que fabricamos de sueños. Y solo unos pocos locos afortunados siguen soñando despiertos. Y así, se pasan los días, sin sueños que perseguir. Y la mirada se agacha y las sonrisas, se apagan. Y entramos en ese bucle conformista que nos mantiene vivos, quien sabe cómo. Quizás nos salve alguna sonrisa, unas manos, otros sueños que se vislumbran tras los ojos de la inocencia. Quizás, ya no nos salve nada.

Pero a veces un destello de lo que fue y ya no será nos recuerda que los sueños toman formas diferentes cuando crecemos, y que debemos mirar para poder ver. Porque siguen ahí, en cada sorbo de café por la mañana. En cada paseo en soledad. En cada canción de nuestra juventud que escuchamos un día cualquiera. Los que son de verdad, nunca se desvanecen. Tan solo cambian de forma. Y hay menos, pero son más fuertes. Y a veces se apagan, es cierto, pero siguen ahí, esperando que los encendamos de nuevo. Recordándonos que, si nos olvidamos de soñar, estamos perdidos. Así que párate y piensa… ¿Cuál es tu sueño? El mío tus ojos posados en mis palabras…. ¿me dejas seguir soñando?

La Pluma. Relato Corto

En aquel enorme museo, insignificante tras un cristal, yacía la pluma. La indiferente pluma que un dí­a fue la diosa de las palabras. Frente a ella, en una silla y atado a unas manos, ese odioso rectángulo de luces, colores y pitidos infernales al que todos se aferraban, ese que, a su parecer, se apoderaba del alma humana como si del demonio se tratase.

La sala empezó a llenarse de más de esos chismes esposados a los finos dedos que los sujetaban. Ella quedó detrás de la sala, olvidada de nuevo. Mientras miraba absorta la multitud que entraba casi sin percatarse de su presencia, recordaba, como si fuese ayer, su prioritario sitio en la mesa de aquel escritor de éxito. Aún sentía la frí­a tinta correr por sus venas, sentía la euforia de aquel que la convertía en sus manos para aquella creación que hoy pervive, precisamente, en esas frías pantallas, perdida por la inmensidad de eso que llaman la red (que ahora que lo pensaba, que mejor forma de llamar a eso que hoy los atrapa).

Se acordó entonces de su primer fiel compañero, el papiro, y también de ese blanco papel que relucía siempre que ella se alzaba. Uno se perdía en la sombra y el otro, sobrevive a duras penas entre mesas de escritorios y oficinas, pereciendo poco a poco. <<Yo, al menos, me conservo en un museo, se puede decir que he tenido suerte>>, pensaba.

De repente, aquella multitud que habí­a ocupado la sala empezó a ordenarse y el silencio volvía a retumbar en las paredes. La puerta se abrió y apareció una figura triste y cansada que le recordaba a alguien. Pronto entendió que aquella persona era el motivo por el que todos estaban allí (no iba a ser ella, eso por supuesto). Los pequeños (o grandes) rectángulos del infierno que tanto odiaba se alzaron hacía el protagonista de la sala, que sacó otro de esos odiosos rectángulos. Entonces empezó el juego. Tres palabras al azar, un poema, dibujado por aquel hombrecillo en esa fría pantalla. Recordó entonces aquella vela que alumbraba cada palabra a la que ella daba vida, los borrones y vuelta a empezar de cada noche, la magia. Curiosamente, la sensación de aquella sala era parecida, sólo que sin velas y sin borrones. Aquel hombrecillo hací­a algo hermoso, creaba melodía con sus manos, con su particular ella, que le ayudaba a unir letras unas con otras para que la melodía sonase y quedase inmortalizada en el tiempo para siempre. Otras tres palabras y nuevos versos, ante la mirada atónita de la multitud que guardaba cada instante en esos papiros virtuales. Y así, tres secuencias de palabras.

-“Y esto, queridos amigos, es la creación”, dijo el hombrecillo.

Todos aplaudían y la pluma entendía que aquel hombrecillo triste fue quien tantas otras noches había renacido con ella de la mano. Y en ese preciso instante, la pluma se hizo invisible…

Cuando volvió a mirarse estaba en las manos de aquel hombrecillo triste que había encandilado a todos con sus palabras, convertida en una fría pantalla donde se dibujaban letras. Y entonces, lo entendió todo…había pasado a formar parte de esa evolución que tanto odiaba…

Relato corto. El poeta

El poeta, que entonces no era poeta, había soñado con la revolución muchas veces. Con banderas al cielo y gritos al aire. Soñaba con la batalla perdida, con esa que quita el poder a los necios y lo ofrece a los nobles de corazón, esa que ya, en los tiempos que corren, no osa ni tan siquiera a dar el pistoletazo de salida. Pero él quería alzar pancartas, quería correr, romper el sistema. Quería ser la voz del pueblo que callase las injusticias para siempre. El líder de una manada de lobos…

Sin embargo, pronto descubriría que no tenía lobos, sino ovejas, y que tampoco era lo suficientemente fuerte como para luchar. Y entonces, aquel hombrecillo triste, que todavía no era poeta, alzó su pluma que, aunque era débil, nunca callaba.

Con ella quiso ser el aliento de otros lobos. La palabra que empujara la lucha que nunca había sido capaz de llevar a cabo. Las letras que levantaran conciencias y hundiesen manos ladronas. El Dios de la libertad. Y fue entonces cuando las críticas encarcelaron sus manos como la noche encarcela el vuelo de la gaviota. Y se sintió fuerte, hastiado del mundo, pero fuerte. Sus palabras resonaban limpias, claras, en el fondo de su alma y en algunos corazones, como él, desgastados. Pidieron un cambio de todas las formas posibles, salvo de una, que no podía pedirse. Y hasta hubo algunos halagos y palmas. Pero el mundo no cambió con sus palabras, o al menos, no cambió a mejor.

Las críticas, ávidas de corazones ignorantes y conformistas que despertar, fueron muriendo poco a poco y el poeta fue naciendo. Y un 24 de junio, el fuego que prende el mar para purificar las almas, se apoderó de sus actos. Una tras otra fueron cayendo en la hoguera las noches de ira y rabia contenida. Su silenciosa lucha había llegado a su fin. Ante la mirada atónita de todos y los ojos penetrantes de aquella mujer hermosa, el poeta quemo todos sus escritos mientras lloraba. A sus 30 años, aquel hombrecillo triste, que ahora estaba aún más triste, había perdido la esperanza.

“Siempre es bueno empezar de nuevo. Pero también es bueno saber cuando debemos parar y cuando cambiar de zapatos. No vuelvas descalzo, por favor”

Cuando alzó la vista, aquellos ojos azules como el mar de la mirada penetrante de aquella mujer, le sonreían. A sus pies, unos zapatos y un cuaderno brillaban. Nadie se había percatado de la escena y el mundo seguía, ajeno en su mayoría, como siempre, a la poesía. Pero en aquel momento, nació el poeta.

Hoy, de nuevo 24 de junio, el poeta pasea con su cuaderno por la orilla del mar, tratando de recordar, una vez mas como, escribió aquel primer poema de su cuaderno que no recuerda…

 

Ojos azules que observáis morir mis sueños

al arder mis esperanza,

no decirle a nadie, ojos de luna,

la locura que me mata;

no decirle al mundo, ojos secretos

que ya… esto ni es mundo ni es nada

 

Jamás volvió a ver esos ojos azules, pero cada vez que los recuerda…nace un nuevo poema. Ahora sus críticas se disfrazan de un lenguaje mágico que solo las almas honestas de verdad, y los corazones sinceros, entienden. Y el poeta se siente en paz consigo mismo.

 

Comentario de la autora: Este escrito, aunque con algunos cambios respecto al original,

fue publicado en su momento en la web de Letras y Poesía,

me gusta tanto, que he decido rescatarlo para que aparezca publicado en este blog

El primer reto

Había elegido la asignatura de Escritura Creativa llena de ilusiones, pero también para intentar obligarse a escribir más a menudo, pues el tiempo le estaba robando los lápices de carbón que con tanto esmero había afilado durante toda su vida. La edad, le estaba robando las ilusiones de un sueño de adolescente que nunca vio la luz: ser escritora. Y aquella tarde estaba allí, esperando recibir órdenes cuando aquel joven de ojos azules entró por la puerta.

No quiero que os presentéis, no quiero aún que digáis nada. Solo coged un papel en blanco y contestad a esta pregunta. ¿Qué es para ti, escribir?

La pregunta, cuya respuesta, aparentemente, debía ser fácil, era más compleja de lo que parecía. Y ella, aun sabiendo que, en cierto modo, escribir es un verbo subjetivo, que no para todos significa lo mismo ni significa lo mismo en cada momento, hizo un intento de describir lo que para era escribir (o al menos lo que para ella era escribir). Y de un papel en blanco salió esto….

 

Escribir es explotar con palabras. Alzar la pluma como bandera. Es un romance con el lenguaje, un pacto con la semántica.

Escribir es la satisfacción de que alguien te lea. Es sonreir con letras y llorar con palabras. Es viajar por las nubes. Es soñar en secreto.

Escribir es dibujar nuevos mundos. Disfrazar el ahora. Persuadir el mañana. Inmortalizar el ayer.

Escribir es regalar esperanzas. Volver cuando estás perdido.

Escribir es soledad, es misterio cada noche. Es reinvertarse, despertar, renacer cada momento.

Escribir, son palabras que se clavan

Escribir es libertad….sobre todo libertad, disfrazada, eso si, de poesía de papel..

 

Cuando entregó su ejercicio, estaba llena de vida de nuevo, deseando empezar su próximo reto. ¿Quizás un poema con una palabra escondida? ¿Rimas marcadas? ¿Versos que empiezan por la misma letra? Si alguien osaba retarla ahora mismo, estaba dispuesta a intentarlo…. ¿alguien se anima? 🙂