Que vamos a hacer sin ti…

Que vamos a hacer sin ti. En este septiembre absurdo que olvidó comprar acuarelas para ir pintando papelillos y miel para aclarar gargantas. 

Que vamos a hacer sin ti. Cuando llegue octubre y no sumemos nuevos nombres de agrupaciones a nuestras mentes expectantes que buscan en cada nombre una pista de algún tipo indescifrable. 

Que vamos a hacer sin ti. ¿Cómo me como las castañas de noviembre escuchando coplas sin pensar en las siguientes?. Di, ¿cómo arranco la última hoja del calendario en diciembre llena de esos tachones rojos de ilusión que esperaban tus guitarras? A mi, que lo que más me gusta de la Navidad es saber que nos esperas tras la puerta… Dime, ahora, ¿qué vamos a hacer sin ti?

Que haremos sin ese enero disfrazado de febrero que resucita nuestro espíritu y pone a hervir nuestra sangre. Sin ese primer levantar del telón que alza también nuestras manos, nuestras almas, nuestras ganas, nuestra sonrisa… Sin las mágicas luces de tu teatro, ni el rugir del gallinero.

Qué haremos sin tus coplas en la distancia cuando la noche nos busca. Sin que rompas en soledad el silencio de nuestra casa. Sin las ojeras del lunes (y del martes, y del miércoles…) en el trabajo (si ni trabajo tenemos). Sin el pellizco de tu pluma.

Qué haremos sin esa ironía canalla del pasoble chirigotero, ni esos poemas eternos de tus comparsas. Sin tus tangos de ilusiones ni tu parodia entre risa. Sin pasacalles benditos, chivatos del tipo antes de tiempo. Sin los cuchillos que cortan el aire que respiramos.

¿Que haremos Cádiz, qué haremos?. Sin tus calles disfrazadas en febrero…

…y se escuchó una voz….

 

…NO QUEJARSE QUE ESTE AÑO NOS LO HEMOS LLEVADO AL CIELO     

(y algo os dejaremos ;))

Cuento rápido. La Flor

Pedro llegó aquella mañana cabizbajo, con la mirada perdida, como triste. El maestro se percató de ello al instante, ¿cómo podía estar aquel niño vivaracho y feliz tan triste aquella mañana? No pudo evitar preguntarte

-Pedro, ¿te pasa algo? ¿estás triste esta mañana?

-Sí maestro, respondió el pequeño con la cabeza agachada.

-¿Y podrás contarle a un viejo que te pasa?

-Pues que descubrí que el mundo es malo, muy malo.

-¿Y cómo es que has descubierto eso, Pedro?

-Esta mañana, al levantarme, oí a mi padre decir que había pasado algo y había muerto mucha gente. También vi a mi hermano llorar mientras le contaba a alguien por teléfono que había pillado a su novia con alguien, no sé muy bien lo que significa eso pero debe ser malo porque él lloraba mucho. Mamá habló con una amiga que le contaba que su marido le había pegado. En la radio decían algo de un cambio en el mundo que estaba haciendo que muchos animales desaparecieran y de camino al cole vi como un hombre malo le pegaba a un pobre perro, y como otro sucio y tirado en el suelo pedía dinero para comer y nadie le hacía caso. Ya sé porque mis padres dicen siempre eso de “calla, que no se entere el niño que luego tiene pesadillas”…no quiero ni imaginarme todas las cosas más que habrá en el mundo que ni siquiera me habrán contado…

El maestro, preocupado, miró por la ventana y vio como los campos de alrededor del colegio seguían tan sucios como siempre, pero cogió a Pedro de la mano y le pidió que le acompañase. Una vez fuera le dijo.

-¿Ves todo esto?

– Claro que lo veo, decía Pedro, otra cosa más mala en el mundo, la gente mala que ensucia el campo y no deja que los animalitos vivan tranquilos.

-Mira bien Pedro, allí, en el centro – indicó el maestro señalando una hermosa flor.

-¡Es una flor! – exclamo Pedro.

-Ves Pedro, hasta en la basura crecen las flores. Y son esas flores las que hacen que merezca la pena vivir.

Pedro frunció el ceño y observó de nuevo a la flor.

-Pero morirá entre tanta basura – dijo.

El profesor sonrió, se acercó a la flor, sacó una bolsa de su chaqueta y empezó a recoger la basura:

-No si otra flor la rescata y cuida de ella….

El pequeño sonrió también y ayudó al maestro a recoger la basura.

Ese día Pedro soñó con campos llenos de flores que desafiaban al mundo.

¿Qué es poesía?

¿Qué es poesía? dices mientras clavas

en mi pupila tu pupila azul

¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?

Poesía… eres tú

 

Estos versos quedaron grabados a fuego en mi memoria (al igual que muchos de Bécquer que devoré cuando ni sabía de la existencia de la poesía. Con ellos la conocí, sin más, y fueron el detonante de mi amor por la poesía. Los culpables de tantos de mis poemas…

He intentado definir ese tú en muchas ocasiones, pero el tiempo me ha enseñado que ese tú…podría ser cualquier cosa…

Tus ojos. El sol al despertar por la mañana. El viento de levante en las azoteas de la ciudad bendita que siempre llevo en el alma. El mar de Málaga. Las calles de Grazalema. Eso y más, podría ser ese tú. Pues la poesía está en todas partes o, mejor dicho, en todas partes de quien sepa mirar más allá de lo que ven los ojos.

Yo siempre digo que los detalles son los que hacen grandes los momentos. Pues en esos detalles, está la poesía.

Y podría seguir y seguir intentando hablar de ella, y no lo conseguiría, porque resulta bastante complicado expresar con palabras lo que es la poesía, lo que significa la poesía. Yo creo que es porque, en realidad, la poesía es algo subjetivo (cada cual tiene su propio concepto de la poesía o su propia definición de aquello que puede convertirse en poesía) que solo con poesía puede explicarse, y es sólo ella quien puede explicarse a sí misma. Seguramente de nada serviría una parafernalia de letras y frases hablando de ella que darían lugar, posiblemente, a un sin sentido abrumador, no sólo para el lector sino también para el yo que intenta expresarse.

Por eso hoy, hablando de poesía, me apetecía compartir con vosotros estos versos de Lorca , que forman parte del poema “Sobre un libro de versos” (recogido en Poemas inéditos de juventud), porque creo que hablan muy bien de la poesía y del poeta y porque, está claro,  que nada mejor que uno mismo para defenderse. Espero que os gusten 🙂

¡Qué pena de los libros
Que nos llenan las manos
De rosas y de estrellas
Que se esfuman y pasan!
¡Qué tristeza tan honda
Es mirar los retablos
De dolores y penas
Que un corazón levanta!

Ver pasar los espectros
De vidas que se borran,
Ver al hombre desnudo
En Pegaso sin alas,
Ver la Vida y la Muerte,
la síntesis del mundo,
Que en espacio profundo
Se miran y se abrazan.

Un libro de poesías
Es el Otoño muerto.
Los versos son las hojas
Negras en tierras blancas,
Y la voz que lo lee
Es el soplo del viento
Que hunde en los pechos
–Entrañables distancias–.

El poeta es un árbol
Con frutos de tristeza
Y con hojas marchitas
De llorar lo que ama.
El poeta es el médium
De la Naturaleza
Que explica su grandeza
Por medio de palabras.

El poeta comprende
Todo lo incomprensible
Y a cosas que se odian
Él hermanas las llama.
Sabe que los senderos
Son todos imposibles
Y por eso en lo oscuro
Va por ellos con calma.

En los libros de versos,
Entre rosas de sangre,
Van desfilando tristes
Y eternas caravanas
Que hirieron al poeta
Que lloraba en la tarde,
Rodeado y ceñido
Por sus propios fantasmas.

Poesía es Amargura,
Miel celeste que mana
De un panal invisible
Que fabrican las almas.

Poesía es lo imposible
Hecho posible. Arpa
Que tiene en vez de cuerdas
Corazones y llamas.

Poesía es la vida
Que cruzamos con ansia
Esperando al que lleve
Sin rumbo nuestra barca.
Libros dulces de versos
Son los astros que pasan
Por el silencio mudo
Al reino de la Nada,
Escribiendo en el cielo
Sus estrofas de plata.

¡Oh, qué penas tan hondas
Y nunca remediadas,
Las voces dolorosas
Que los poetas cantan!

Como en el horizonte
Descanso las miradas.
Dejaría en el libro
Este, ¡toda mi alma!

Caminar, despacio.

Caminar despacio, saboreando lentamente el café de la mañana, mirando tus pasos mientras caminas, dejando tu huella. Observando la vida por la ventana desde el asiento del copiloto. Escuchando la brisa, sintiendo la lluvia, secándote al sol. 

Caminar lentamente, degustando un vaso de vino antes de la comida, mojando pan en la salsa hasta que se acabe si es de las que te gustan, saboreando el postre. Viendo hervir la leche  y subir el café de media tarde. 

Caminar poco a poco. Abriendo un paragüas transparente para mirar el cielo si llueve. Parando delante de un espejo para mirar tu sonrisa. Mirando otros ojos al cruzarlos, sintiendo la respiración si se acelera. Con los dedos enlazados a otra mano. 

Caminar paso a paso. Parando a bailar una canción que te gusta cuando suena de repente. Mirando las estrellas antes de irte a dormir. Bebiendo agua fresca a media noche en una noche de verano. Apagando el despertador y quedándote un poco más en la cama.

Caminar sin prisa, y vivir, pero vivir de verdad. Que la vida pasa más rápido si vamos corriendo. Detenerse, coger aliento, parar para poder seguir, y volver a caminar, pero despacio. Eso… lo estoy intentando.

VIAJAR SOÑANDO #Historiasdeviajes

Eran las 5 de la tarde y tenía que terminarlo, me lo había propuesto a mí misma. Era ahora o nunca, y no estaba dispuesta a otro nunca. Así que afilé el lápiz y terminé lo que me quedaba. El principio. Había que explicar de dónde venía todo aquello.

 

5 años atrás había empezado un sueño que aún hoy pareciera tan lejano, o más, que entonces. Mil hojas arrugadas sobre la mesa que no llegaron a ningún sitio, ni siquiera a la papelera. Un sueño latente que se desvanece cada día, pero que no se apaga. Como si la sombra del deseo lo persiguiese siempre. Como si huyese, sin haber huido. Y un día cualquiera, de repente, el sueño que se esfuma se convierte en el único hilo al que agarrarse. No hay otro, no hay más para seguir dando pasos en este camino que agarrarse a ese hilo, porque la primavera se había llevado por delante todos los que habías usado para tejer tu capa de héroe durante años. Porque te has quedado semidesnuda y con miedo, con mucho miedo en el cuerpo. Y cuando vuelves a ver ese hilo que siempre estuvo pero que nunca sirvió para atar unos nuevos zapatos con los que andar piensas, ¿pero qué voy a hacer contigo de nuevo? Aún no sé cómo no nos cansamos de tanto… con tan poco.

Y, de repente, una voz te susurra… ¿Nos marchamos? Y la casualidad, o el destino, hacen el resto…

Aquella mañana de julio de 2020, un verano atípico que anhelaba con deseo, pues quería huir de todo, emprendí un viaje con la intención de desconectar de todo. Un viaje que me debía hace tiempo, sola, sin nada que entretuviese mi mente desolada. Después de 5 horas de viaje, Noruega se presentaba ante mis ojos impoluta, con la nieve durmiendo en sus cumbres pese a estar en pleno verano. Un verano que allí no calienta, pero que alumbra, con días casi infinitos y noches que se escabullen (nunca había escrito tanto bajo la luz del sol). La había soñado tantas veces… y ahora allí, en sus brazos, estaba claro que esos sueños no le hacían justicia. Verde esperanza, azul cielo y gris, gris, como el color de mi alma aquella mañana. Solo hizo falta una semana para convertir ese gris en plata, como la plata que dicen que tiene mi tacita.

Sola, con mi mochila al hombro, recorrí cada rincón de ese país encantado…. Las cascadas de Hellesylt caían ante mis ojos como lágrimas sin consuelo que nunca paran, pero que te dan la paz que necesitan. Ese primer encuentro fue mágico. Quise perderme con ellas ese día y creo que una parte de mí, la que tenía presa, naufragó aquella mañana para siempre. En Geiranger perdí la cuenta del tiempo cuando atravesé en aquel pequeño barco su fiordo, un espíritu verde y blanco, como mi amada bandera, penetró en mi alma y la atravesó como un puñal que no duele, pero que araña tu corazón para siempre  grabando a fuego unas iniciales de por vida. Bergen, su mirador, su puerto que andaba silencioso a nuestros pies y arrodillaba hacia él, con el paso del tiempo, hasta las casas más altas, su pequeña iglesia de madera, sus calles perdidas, sus gentes de hermosos ojos azul hielo como el mar, o la mar, del Norte… Su magia cosmopolita enmascarada en un pueblo. Flåm y su tren infinito de sueños rotos que renacen en cuando pasan por sus bosques… Kjeragbolten, su roca colgante donde el alma se desprende si mira abajo hacia el trozo de cielo que se cayó del cielo a la tierra… Y así, podría seguir y hablaría de mil lugares para perderse, tantos, que una semana supo a tan poco que hice un pacto con el diablo para robarle julio entero. Y así, con la vida parada a la orilla de un fiordo y la pluma que un día perdí arañando mis entrañas de nuevo, a cada paso que daba, sin esperarlo, nacía una historia. Y el hilo se hacía fuerte con cada letra que dibujaban mis manos al mirarte. Fui libre, y tú, que te habías quedado ahí, muy adentro mientras pensaba que te habías marchado, fuiste libre conmigo.

Regresé a ese 2020 que me había hecho trizas, porque aunque a veces es necesario parar para poder seguir, hay que seguir. Pero regresé renovada y con ganas, con muchas ganas de ti, porque para entonces ya no era yo y tú ya no eras tú… Éramos tú y yo, nos habíamos encontrado, al fin, después de tantos años, fundidos en este libro que hoy ve luz. Ahora ya no estoy perdida, aunque sigo asustada, y la musa verde cielo y plata que me regalaste, se quedó a vivir conmigo. Pero volveré, no te quepa la menor duda. Mientras, aquí tienes, querido lector, un poco de ella en tus manos, y un poco de mí.

 

¿Y el título, cuál puede ser el título? Ya lo tengo, VIAJAR SOÑANDO.

Dos días después recibía este mail: <<Nos ha encantado tu libro, gracias por la presentación>>

Ya no había marcha atrás, habías vuelto, para quedarte. Y ahora septiembre se vislumbra menos malo… o igual de malo pero contigo.

 

NOTA A LOS LECTORES: Este relato participa en el Concurso de Historias de viajes de verano de Zenda Libros.

¡¡¡Han tirado a mi vaquita!!!

Hace algunos meses oí esta historia que a continuación os comparto. Y quizás, al leerla, os pase como a mí, que penséis en cual es vuestra vaquita. Yo lo vi claro, desde el primer momento que la escuché, pero nunca tuve el valor de deshacerme de ella.

Meses después, alguien decidió que tenía que tirar a mi vaquita por el barranco. Fue así, sin más, de repente, sin previo aviso, después de 8 años de entrega y dedicación, de sacrificio. Y aunque a nadie le interese ahora mi historia (que por eso no la cuento), quiero que hagáis una reflexión y penséis que es aquello que os limita en vuestras vidas, y lo despeñéis también por el barranco. Yo no tuve el valor de hacerlo pero creo que el discípulo lo ha hecho por mí.

La quería mucho (a la vaquita), no voy a negarlo ahora. Tanto me empeñaba en conservarla, que estaba totalmente atada a ella, y atada de pies y manos en muchos sentido. ¿Qué va pasar ahora? No lo sé…a ratos me preocupa demasiado y a ratos no lo pienso. Porque, como dijo John Lenon “la vida es lo que te va pasando mientras tú te empeñas en hacer otros planes”. Los míos se han derrumbado y, la verdad, no tengo plan B, de momento…

La historia de la vaquita

Un Maestro Sabio y su discípulo caminaban por un bosque cuando a lo lejos vieron una casa de madera. La casa tenía un aspecto miserable, decadente. El Maestro decidió hacer una visita al lugar.

El Maestro y su alumno se despidieron y siguieron camino. El Maestro Sabio le ordenó a su discípulo que regresara a aquel lugar y matara a la vaquita. El joven, espantado, cuestionaba la orden de su Maestro, pues era el medio de subsistencia de aquella familia. Sin saber si hacía bien o mal, obedeció y fue a buscar a la vaquita. La cogió, la llevó hasta un precipicio cercano y la arrojó, viéndola morir. Aquella escena se quedó gravada en su memoria durante mucho tiempo.

Unos años después, movido por la culpa, el joven discípulo volvió a la casa para pedir perdón a la familia. Cuando llegó al lugar, lo vio todo muy cambiado, aquella casa ya no era una cabaña miserable sino una preciosa casa hecha de ladrillos, con un precioso jardín lleno de árboles frondosos, plantas y flores. Además todos llevaban bonitas ropas de alta calidad.

El alumno sorprendido le preguntó al padre de familia: -¿Qué ha pasado aquí? Y este le contó: -Nosotros teníamos una vaquita y un día, misteriosamente, sin saber cómo ni porqué, se cayó por el precipicio.Como vivíamos de ella, tuvimos la necesidad de hacer otras cosas. No hubo más remedio que espabilar y poco a poco fuimos descubrimos habilidades que desconocíamos.
Gracias a ello ahora vivimos muy bien, más cómodamente y mejor que antes.

 

Creo que la historia lo dice todo, ahora toca que cada cual analice si tiene también una vaquita y si, quizás sea, también, momento de tirarla. En mi caso, alguien lo ha hecho por mí, y solo el tiempo dirá si debo darle las gracias. Ahora, tengo miedo, pero también tengo ganas de reinventarme.

El sauce llorón

Julio. Huele a verano tras la puerta. Pareciera que el sol brillara ahora más que nunca y el azul del cielo fuese más claro todavía. El mar nos espera con los brazos abiertos, pero temeroso de verse mancillado de nuevo . Los pájaros cantan, llenando nuestros oídos de la melodía que nunca supimos oír, aunque siempre estuvo ahí. La brisa sabe a libertad, pero huele a miedo y esperanza. 


Algo ha cambiado, y aunque espero que también nosotras hayamos cambiado, lo cierto es que en la oscuridad de la noche, me surgen las dudas… Porque quedan restos, restos de inconsciencia humana, mascarillas y guantes en el suelo, basura, olor a sangre y risas inapropiadas. Queda egoísmo en cada esquina, palpitar de incoherencia, poco tacto y mucho… mucho que aprender.


Y en este batiburrillo de ideas que se amontonan cada día, de pensamientos que van y vienen, de sentimientos desbordados que se turnan a su antojo… me pregunto, una vez más, si tiene salvación la especie humana. Y el sauce llorón aparece, en mis sueños, cuando pregunto. 

Libre

Libre, porque así me siento cuando estoy contigo. Así me recuerdo a tu lado. En cada uno de los rincones que el mar baña cuando estoy contigo. Cádiz, tienes esa magia especial que no se olvida. Esa magia que tanto se echa de menos. Esa magia que siempre necesito.

Hoy llegaron a mis manos estás líneas que le escribí hace ahora tres años a uno de tus rincones. Fueron días hermosos, anticipo de momentos más bonitos todavía que llevo clavados a fuego en mi corazón. Al verlo, me apeteció rememorarlo, para no olvidar nunca que debemos buscar siempre esa paz y esa armonía que haga libre a nuestro alma.

Atardeceres que te dejan sin aliento, momentos que te hacen sentir vivo, palabras que callan para que el silencio haga crujir tu alma una vez más…y en ese crujir, en ese eterno crujir que resuena a tu lado, la libertad, con su pícara sonrisa sobre la arena me guiña un ojo mientras susurra a mi oído …¿acaso crees que te he olvidado? ¡¡Pero si eres tú quien no vienes a buscarme!!…mi mente se turba mientras se aleja…pues tiene razón…tristemente la tiene…ella siempre nos espera postrada en cualquier esquina…más nunca sabemos verla, pues hemos olvidado lo importante…

…Siempre…

Has vuelto a llamarme, otra vez. A veces me pregunto si alguna vez te fuiste. Creo que habitas en la sombra de mis paredes. Y ya no sé si eres tu quien no me quiere o soy yo la que se ha rendido. Intentarlo otra vez me da pereza…no intentarlo, miedo a sentirme cobarde. Pero me robas o el tiempo o las palabras, y a estas alturas… el tiempo es un bien demasiado escaso, un tesoro escondido en una cueva de difícil acceso de la que ella tiene las llaves para siempre, ya nuca serás lo primero.

Pero si me llamas…si tú me llamas…no sé si puedo negarme… ya te lo dije una vez…

Pero siempre, siempre,

hasta en la sombra más oscura,

hasta en la soledad más absoluta,

hasta en el silencio más triste,

hasta en los momentos en que has cogido ya la toalla, para tirarla…

 

Siempre, aparece una palabra de aliento que te empuja a seguir y te hace preguntarte…

y ahora, ¿dime? ¿cómo puedo dejarte?

 

Bienvenidos, una vez más, a la aventura de las palabras. Pero sabed, y lo advierto, que esta vez serán poesíasdepapel, frágiles, efímeras y puede que….ni siquiera duraderas.

(No) Rutina

La rutina es un jarro de agua fría que te despierta de un sueño pasado. Es volver a ser lo que quisiste un día, o aquello con lo que te conformaste. Es un humeante café por la mañana planeando el nuevo día. Es una carrera de fondo sin meta. Una brisa de aire fresco, un respiro, un suspiro a destiempo que te encadena.

La rutina es una casa patas arribas con mil cuentas por resolver. Es la esperanza de un mañana mejor. El llanto de un día cualquiera. La risa tras los cristales. Es una lista tachada que no termina. Un caminar sin prisa, pero sin pausa.

La rutina es la realidad que abofetea tu cara para que salgas corriendo. La que te deja parada. La que te anima de nuevo. La que te besa en la frente y te maltrata más tarde. La que te mata cada noche y te resucita cada mañana. La que te enferma, pero te cura.

La rutina vuelve a por ti siempre, después de haberte escapado de sus garras, de haberte burlado de ella sin saber que es ella la que te deja marcharte algún tiempo, y ella la que te trae de nuevo.

Y hoy, que miramos atrás pensando en cuanto, cuanto la odiábamos hace apenas unos meses, hoy…cuánto la echamos de menos… Hoy deseamos más que nunca que una mañana cualquiera venga a buscarnos de nuevo para empezar otra vez, de nuevo donde lo dejamos. A ofrecernos el reto de no caer en ella eternamente. A jugar con nosotros a ser libres. A decirnos que siempre, siempre, podemos cambiarla por otra…pero nunca por ninguna!!!

Hoy tachamos los días del calendario con la esperanza de volver a ella, aún sabiendo que ya nunca, nunca, será como un día la conocimos…