Balance

Y con más pena que gloria se marcha,
con la cabeza agachada y piedras en los zapatos que aún molestan,
debiendo mil cafés de media tarde,
perdiendo las charlas con los amigos, los días con la familia, soñando con días mejores…

Se aleja con la mirada perdida.
Esta vez no mira atrás porque duele demasiado,
nadie llora su partida,
porque no hay recuerdos buenos que empañen todo lo malo.

Se va sin aplausos, solo en casa,
con un pijama de rayas, lleno de miedos y sin sonrisas.

Pero esta vez, más que nunca,
debemos mirarlo, cara a cara
y hasta, quizás, darle las gracias por seguir…
Seguir viendo amaneceres con otros ojos,
seguir mirando a los ojos que están enfrente,
seguir andando, aunque no sepamos muy bien hacia donde
pero sobre todo seguir,
seguir viviendo y haber aprendido que eso, vivir, al final, es lo único que importa. 

Olor a mar

Atrapar un sueño entre las manos,
mientras el alma sonríe, satisfecha,
retar al tiempo, al presente y al pasado,
sentirte viva en la tormenta.

Pasear despacio, saboreando la arboleda
y la luz que se cuela entre las nubes,
en un diciembre cualquiera.

Respirar, tranquila,
sin ataduras de seda,
y que de igual la tarde o la mañana,
no esperar la primavera.

Y ser tú, sin complejos, sin excusas,
sin peros y sin esperas.
Aquí y ahora, contigo,
vivir, de cualquier manera,
sintiendo el olor a mar,
sintiendo el olor a tierra…
gritando, cuando tú quieras.

Aprendí

 

Aprendí a leer poemas, en tus ojos,
a escribir entre los minutos que me robabas
mientras me ibas llenando de vida;
aprendí a escuchar la brisa del viento
detrás del huracán de tu melena,
a bailar cuando tus manos se acercaban,
a mirarte casi sin prisa,
a cantarte sin saber la melodía…

Aprendí de ti, que la vida es una habitación desordenada,
con colores por todas partes
y que de nada vale ordenarla si esta detrás tu sonrisa,
aprendí a ponerle a los muñecos zapatos que le estaban pequeños,
a levantarme aunque esté rota,
a no llorar nunca tu lado…

Aprendí a inventar historias con tus palabras,
que las tardes pueden ser largas o cortas
y que siempre valen la pena las mañanas,
aprendí a darte la mano y sentir ese paz infinita que es tenerte,
a sentirme libre si me llamas…

Y, sobre todo, aprendí
que ese yo que está contigo se hace grande cada día en el azul de tu mirada,
y que obligarme a parar tantas veces si estoy contigo me hace ir despacio,
saboreando la vida, impregnada del olor a paz que había olvidado…
Todo eso y mucho más…aprendí.

Poema. Tras los cristales

El ocaso del otoño
vislumbra tras los cristales
atardeceres perdidos
y, a lo lejos, tempestades;

no hay paz para los descalzos,
ni paraguas que los salve,
la vida se viene, dura,
pisando fuerte la calle;

revoluciones perdidas,
conformismos, malos planes,
agachadas las cabezas,
no queda ni el despertarse…

Yo miró el mundo perdido
derrumbado, sin escape,
y en silencio me preguntó
si acaso puedes salvarme;

tu alzas tu pluma y me gritas:
¡A por ellos, imparables!
Y me despiertan del sueño
las nubes, tras los cristales.

Procesando…
¡Lo lograste! Ya estás en la lista.

Caminar en días grises

Caminar en días grises,
con el olor a tierra mojada penetrando en los sentidos,
sintiendo la lluvia escaparse de las manos.

Suspirar bajo las nubes,
en un lento divagar de dudas retorciéndose en la mente,
observando caer las hojas, a tus pies, mojados.

Pasear sobre los charcos,
mientras tu sonrisa inocente a saltos, los atropella
y salpicas de vida las hojas secas del otoño.

Y a lo lejos, el recuerdo de un verano diferente,
el mar de fondo, color plomo,
y el fresco viendo que se unen en un romance imposible;

y yo aquí, de tu mano, caminando en días grises,
suspirando bajo las nubes,
paseando sobre los charcos… retando a este otoño que se ensombrece por momentos…

La Batalla

Y tener fuerzas un día para afilar una espada,
y alzarla arriba, segura, para emprender la batalla.
Batalla a quien sabe dónde,
de sueños rotos esclava,
que se dibuja en tu mente
mientras alzas la mirada
al horizonte.

Y perder el miedo un día para afrontar la venganza,
romper los hilos malditos que te ataban a la cama,
mientras los días se esconden
y pasan las madrugadas
unas tras otras, ausentes,
mientras se viste la luna
de esperanza.

Y enseñar por fin los dientes de unas manos agotadas,
levantarte convencida de que la noche se acaba,
que con esta luz del día
y tu espada envenenada,
ya nadie podrá contigo
y esta vez habrás vencido
la batalla.

 

En honor a todas esas personas que libran una batalla,
especialmente hoy #DiaMundialdelCancerdeMama

Poema del bandolero

Me marcho atrás en el tiempo,
no sé si regresaré,
me espera mi bella Sierra
y siempre quiero volver;

voy a olvidar por un rato
la realidad de tener
que responderle a la vida,
siempre, sin desfallecer.

Bandolero, no te vayas,
a la Sierra llévame,
y enséñame que la luna
te enamora con su ser;
dime si hoy la mañana
trae recuerdos del ayer
¿a que huele la esperanza?
¿siempre tocará perder?

Bandolero, dime, amigo,
si la justicia se ve
desde lo alto del monte,
aquí, se perdió también,

y se perdió la batalla,
la lucha y hasta el poder,
el pueblo, ya no es el pueblo,
ovejas son esta vez.

Bandolero, que hermosura
tu caballo caminar,
cuando la Sierra te llora
y no quiere despertar.

Al crujir de las candelas
esta noche soñaré,
bandolero, con tu aroma,
que me embriaga tu querer,

y cuando pasen las horas
y toque entonces volver,
te pensaré en tu montaña
como cuando, aquella vez,
Grazalema te embrujaba
y se enjuagaba tu mirada
pues también te enamorabas
de su blanco, sin querer.

Me marcho atrás en el tiempo
no sé si regresaré,
si no vuelvo, no me esperes
pues con ella moriré.

Dedicado a todos los grazalemeños, los amantes de la Sierra de Grazalema

y su fiesta de los bandoleros

que este año, debido a la pandemia, no podrá celebrarse

Sol de Octubre

El sol de octubre ha pintado
de azul celeste tus playas,
yo me he sentado en tu orilla
esperando, a ver que pasa;

y he sabido con las olas
que libre tu me esperabas,
que querías enseñarme
el latir de tus mañanas;

había que parar, sin miedo,
descansar, una parada,
abrazarme, sonreírte,
mirarte y verte, callada,

libre, como aquel barquito
que despacio navegaba;
sin ataduras, sin miedos,
buscando volar, sin alas…

Traéte

Tráete amaneceres a mi ventana,
como los que traen tus ojos
cuando la noche se apaga;

trae lluvia de abril, fresca lluvia de abril
a mis manos,
como la que traen tus dedos
a los míos entrelazados,
como la que moja mi cara
y la despierta del letargo;

trae la brisa de verano al mes de agosto,
a cada día acalorado,
brisa que apague el fuego que me quema
cuando tú estás a mi lado,
la brisa que me calma y me sosiega
traéte, de tu mano.

Una y mil veces

Enamorarme de ti, una y mil veces,
como si el tiempo no hubiese borrado las huellas
que me llevaron a mirar tras tus balcones,
a soñarte y despertar contigo,
a querer quedarme a tu lado,

enamorarme de ti,
como de aquella primera copla de carnavales,
adormecer a mi alma una tarde en tu caleta,
al compás de las olas,
al ritmo del levante,
mientras me susurran tus barquillas…

Y así, enamorarte de ti,
una y mil veces de nuevo
cada vez que te veo,
para seguir, otra vez,
queriéndote en la distancia,
recordando que, a tu lado,
hubo un tiempo, hubo una vez
que soñaba o que soñé
con sentirme siempre libre

 

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