Sueños

Hubo un tiempo en que soñar era barato. Servía de moneda de cambio en cualquier bar, de una esquina cualquiera, intercambiando risas con los amigos. Era fácil imaginarse victorioso, feliz y dichoso en ese mundo de locos que apenas empezábamos a conocer. Bastaban unas cervezas para crear nuevos sueños, y no había apisonadora lo suficientemente fuerte para destruirlos. Los sueños nacían en un café de media tarde y se alimentaban de días interminables tras la ventana ¡Bendita juventud inocente en que te crees invencible!

Y un día, nunca sabes cuándo ni recuerdas el momento ni el porqué, los sueños empiezan a convertirse en sombras de días pasados. Desaparecen, sin más, bajo las mantas. Justo al calor de la almohada, en una noche de verano, exactamente igual que aquella que los vio nacer. Sueños perdidos que a veces se recuerdan, pero que ya, casi nunca se persiguen.

La vida nos va robando ilusiones y regalando compromisos que nos atan a unas cadenas de seda que fabricamos de sueños. Y solo unos pocos locos afortunados siguen soñando despiertos. Y así, se pasan los días, sin sueños que perseguir. Y la mirada se agacha y las sonrisas, se apagan. Y entramos en ese bucle conformista que nos mantiene vivos, quien sabe cómo. Quizás nos salve alguna sonrisa, unas manos, otros sueños que se vislumbran tras los ojos de la inocencia. Quizás, ya no nos salve nada.

Pero a veces un destello de lo que fue y ya no será nos recuerda que los sueños toman formas diferentes cuando crecemos, y que debemos mirar para poder ver. Porque siguen ahí, en cada sorbo de café por la mañana. En cada paseo en soledad. En cada canción de nuestra juventud que escuchamos un día cualquiera. Los que son de verdad, nunca se desvanecen. Tan solo cambian de forma. Y hay menos, pero son más fuertes. Y a veces se apagan, es cierto, pero siguen ahí, esperando que los encendamos de nuevo. Recordándonos que, si nos olvidamos de soñar, estamos perdidos. Así que párate y piensa… ¿Cuál es tu sueño? El mío tus ojos posados en mis palabras…. ¿me dejas seguir soñando?

La Pluma. Relato Corto

En aquel enorme museo, insignificante tras un cristal, yacía la pluma. La indiferente pluma que un dí­a fue la diosa de las palabras. Frente a ella, en una silla y atado a unas manos, ese odioso rectángulo de luces, colores y pitidos infernales al que todos se aferraban, ese que, a su parecer, se apoderaba del alma humana como si del demonio se tratase.

La sala empezó a llenarse de más de esos chismes esposados a los finos dedos que los sujetaban. Ella quedó detrás de la sala, olvidada de nuevo. Mientras miraba absorta la multitud que entraba casi sin percatarse de su presencia, recordaba, como si fuese ayer, su prioritario sitio en la mesa de aquel escritor de éxito. Aún sentía la frí­a tinta correr por sus venas, sentía la euforia de aquel que la convertía en sus manos para aquella creación que hoy pervive, precisamente, en esas frías pantallas, perdida por la inmensidad de eso que llaman la red (que ahora que lo pensaba, que mejor forma de llamar a eso que hoy los atrapa).

Se acordó entonces de su primer fiel compañero, el papiro, y también de ese blanco papel que relucía siempre que ella se alzaba. Uno se perdía en la sombra y el otro, sobrevive a duras penas entre mesas de escritorios y oficinas, pereciendo poco a poco. <<Yo, al menos, me conservo en un museo, se puede decir que he tenido suerte>>, pensaba.

De repente, aquella multitud que habí­a ocupado la sala empezó a ordenarse y el silencio volvía a retumbar en las paredes. La puerta se abrió y apareció una figura triste y cansada que le recordaba a alguien. Pronto entendió que aquella persona era el motivo por el que todos estaban allí (no iba a ser ella, eso por supuesto). Los pequeños (o grandes) rectángulos del infierno que tanto odiaba se alzaron hacía el protagonista de la sala, que sacó otro de esos odiosos rectángulos. Entonces empezó el juego. Tres palabras al azar, un poema, dibujado por aquel hombrecillo en esa fría pantalla. Recordó entonces aquella vela que alumbraba cada palabra a la que ella daba vida, los borrones y vuelta a empezar de cada noche, la magia. Curiosamente, la sensación de aquella sala era parecida, sólo que sin velas y sin borrones. Aquel hombrecillo hací­a algo hermoso, creaba melodía con sus manos, con su particular ella, que le ayudaba a unir letras unas con otras para que la melodía sonase y quedase inmortalizada en el tiempo para siempre. Otras tres palabras y nuevos versos, ante la mirada atónita de la multitud que guardaba cada instante en esos papiros virtuales. Y así, tres secuencias de palabras.

-“Y esto, queridos amigos, es la creación”, dijo el hombrecillo.

Todos aplaudían y la pluma entendía que aquel hombrecillo triste fue quien tantas otras noches había renacido con ella de la mano. Y en ese preciso instante, la pluma se hizo invisible…

Cuando volvió a mirarse estaba en las manos de aquel hombrecillo triste que había encandilado a todos con sus palabras, convertida en una fría pantalla donde se dibujaban letras. Y entonces, lo entendió todo…había pasado a formar parte de esa evolución que tanto odiaba…

El primer reto

Había elegido la asignatura de Escritura Creativa llena de ilusiones, pero también para intentar obligarse a escribir más a menudo, pues el tiempo le estaba robando los lápices de carbón que con tanto esmero había afilado durante toda su vida. La edad, le estaba robando las ilusiones de un sueño de adolescente que nunca vio la luz: ser escritora. Y aquella tarde estaba allí, esperando recibir órdenes cuando aquel joven de ojos azules entró por la puerta.

No quiero que os presentéis, no quiero aún que digáis nada. Solo coged un papel en blanco y contestad a esta pregunta. ¿Qué es para ti, escribir?

La pregunta, cuya respuesta, aparentemente, debía ser fácil, era más compleja de lo que parecía. Y ella, aun sabiendo que, en cierto modo, escribir es un verbo subjetivo, que no para todos significa lo mismo ni significa lo mismo en cada momento, hizo un intento de describir lo que para era escribir (o al menos lo que para ella era escribir). Y de un papel en blanco salió esto….

 

Escribir es explotar con palabras. Alzar la pluma como bandera. Es un romance con el lenguaje, un pacto con la semántica.

Escribir es la satisfacción de que alguien te lea. Es sonreir con letras y llorar con palabras. Es viajar por las nubes. Es soñar en secreto.

Escribir es dibujar nuevos mundos. Disfrazar el ahora. Persuadir el mañana. Inmortalizar el ayer.

Escribir es regalar esperanzas. Volver cuando estás perdido.

Escribir es soledad, es misterio cada noche. Es reinvertarse, despertar, renacer cada momento.

Escribir, son palabras que se clavan

Escribir es libertad….sobre todo libertad, disfrazada, eso si, de poesía de papel..

 

Cuando entregó su ejercicio, estaba llena de vida de nuevo, deseando empezar su próximo reto. ¿Quizás un poema con una palabra escondida? ¿Rimas marcadas? ¿Versos que empiezan por la misma letra? Si alguien osaba retarla ahora mismo, estaba dispuesta a intentarlo…. ¿alguien se anima? 🙂