La sirena

No estaba acostumbrada a la tranquilidad del mar, a la paz que transmitía el rugir del oleaje. Cuando sus pies tocaron la arena aquella mañana, su cuerpo se perdió para siempre y todos lloraron su ausencia.

Nunca apareció. Pero lo que nadie sabía es que nadaba en el fondo del mar, feliz, libre para siempre.


Un marinero me dijo una tarde que había visto una sirena con sus ojos

Microrrelato. Soledad

La vi sentada al filo de un banco. Sola. Mochila a la espalda. Parecía pasear su soledad de un sitio a otro. Llevaba zapatos blancos, ropa fresca de verano y un sombrero. Se sentó, comió, descansó y siguió su camino. La vi alejarse. La perdí de vista. Me pareció un fantasma por un momento. Y me pregunté donde iría. Y pensé…que era cierto…la soledad tenía nombre y forma de mujer. Y también…iba sola…