Olor a mar

Atrapar un sueño entre las manos,
mientras el alma sonríe, satisfecha,
retar al tiempo, al presente y al pasado,
sentirte viva en la tormenta.

Pasear despacio, saboreando la arboleda
y la luz que se cuela entre las nubes,
en un diciembre cualquiera.

Respirar, tranquila,
sin ataduras de seda,
y que de igual la tarde o la mañana,
no esperar la primavera.

Y ser tú, sin complejos, sin excusas,
sin peros y sin esperas.
Aquí y ahora, contigo,
vivir, de cualquier manera,
sintiendo el olor a mar,
sintiendo el olor a tierra…
gritando, cuando tú quieras.

Sueños

Hubo un tiempo en que soñar era barato. Servía de moneda de cambio en cualquier bar, de una esquina cualquiera, intercambiando risas con los amigos. Era fácil imaginarse victorioso, feliz y dichoso en ese mundo de locos que apenas empezábamos a conocer. Bastaban unas cervezas para crear nuevos sueños, y no había apisonadora lo suficientemente fuerte para destruirlos. Los sueños nacían en un café de media tarde y se alimentaban de días interminables tras la ventana ¡Bendita juventud inocente en que te crees invencible!

Y un día, nunca sabes cuándo ni recuerdas el momento ni el porqué, los sueños empiezan a convertirse en sombras de días pasados. Desaparecen, sin más, bajo las mantas. Justo al calor de la almohada, en una noche de verano, exactamente igual que aquella que los vio nacer. Sueños perdidos que a veces se recuerdan, pero que ya, casi nunca se persiguen.

La vida nos va robando ilusiones y regalando compromisos que nos atan a unas cadenas de seda que fabricamos de sueños. Y solo unos pocos locos afortunados siguen soñando despiertos. Y así, se pasan los días, sin sueños que perseguir. Y la mirada se agacha y las sonrisas, se apagan. Y entramos en ese bucle conformista que nos mantiene vivos, quien sabe cómo. Quizás nos salve alguna sonrisa, unas manos, otros sueños que se vislumbran tras los ojos de la inocencia. Quizás, ya no nos salve nada.

Pero a veces un destello de lo que fue y ya no será nos recuerda que los sueños toman formas diferentes cuando crecemos, y que debemos mirar para poder ver. Porque siguen ahí, en cada sorbo de café por la mañana. En cada paseo en soledad. En cada canción de nuestra juventud que escuchamos un día cualquiera. Los que son de verdad, nunca se desvanecen. Tan solo cambian de forma. Y hay menos, pero son más fuertes. Y a veces se apagan, es cierto, pero siguen ahí, esperando que los encendamos de nuevo. Recordándonos que, si nos olvidamos de soñar, estamos perdidos. Así que párate y piensa… ¿Cuál es tu sueño? El mío tus ojos posados en mis palabras…. ¿me dejas seguir soñando?

…Descaro…

Días atados, de pies y manos. No hay tiempo, no hay tiempo para nada. Y el que hay, a veces, se desperdicia. Y en medio de tanto caos, intento sacar un hueco para este libreto de papel que se deshace aún sin haber empezado. Y hoy… un poema… (rescatado del cajón del olvido)

 

Puedo tener el descaro
de robar el tiempo que me robaron,
a veces, pero sólo a veces,
cuando creo que lo puedo retener entre mis manos;

puedo tener el descaro
de pedir cuentas a quien me debe,
a veces, pero sólo a veces,
sin percatarme de que nadie nos debe nada realmente;

puedo tener el descaro
de exigir un precio a lo regalado,
a veces, pero sólo a veces,
sin entender que todo quizá es prestado;

puedo tener el descaro
de pedir libertad…
y eso no es a veces ni sólo a veces
¿pues dime sino, vida, que nos iba ya a quedar?

Puedo tener el descaro…de soñar…